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Del ateísmo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (1)

Del ateísmo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (1)

Del ateismo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (1)

Del ateismo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (1)

Autor: Jeremy Ben Royston Boulter

Mi incredulidad antes del Islam

Cuando me casé con mi esposa portuguesa, Anabela, tenía la filosofía de que, aunque creía en Dios como el Creador y el Poder que regía el universo, no reconocía que estuviera obligado a adorarlo a Él (concebía al Poder como neutro, es decir, asexuado).

Nací como católico romano y crecí creyendo en Jesús como mi Dios y en María como la madre de mi Dios, pero esto no me convencía. Más bien, veía a Jesús y a María como medios a través de los cuales llegar a Dios, quien era el Dios del Antiguo Testamento.

Al hacerme mayor, comencé a creer que nunca podría entender grandes porciones del Antiguo Testamento. El material era denso, y los supuestos pasajes “proféticos” me parecían dirigidos a aquellas personas de miles de años atrás, como cosas que les ocurrieron a ellos o que pasaron durante sus vidas. Me surgió más confusión debido a que los discursos personales o acciones a veces parecían ser asignados o dirigidos no a personas sino a ciudades y naciones. Dios, por ejemplo, parecía referirse a Jerusalén como Su esposa, y los actos de su pueblo congruentes con las de ella. Dios la llamó prostituta y apeló con frecuencia a ella para que se arrepintiera y se volviera hacia Él, y se convirtiera de nuevo en Su reina. Lo mismo era cierto en relación a personas como Jacob, quien asumió el nombre de una nación, así que los pasajes dirigidos a Israel a veces iban para Jacob. Jacob a menudo simbolizaba a sus descendientes, que estaban divididos en dos campos, el de Efraín y el de Judá. Una vez más, los nombres de estos descendientes de Jacob reflejaban la división en los hijos de Israel, entre la ciudad-estado de Sion y Samaria.

Otros pasajes parecían hacer referencia a eventos y encuentros sobrenaturales. La ascensión de Elías y la aparición de Dios ante Israel, parecen describir eventos que podrían ser explicados como reuniones entre razas y tecnologías avanzadas y hombres simples sin tecnología. Dado que muchas otras religiones describen el mismo tipo de encuentros con sus “dioses”, comencé a sospechar que estas historias de la Biblia no fueran más que leyendas reunidas juntas, y hechas para parecer coherentes para bien de una jerarquía construida, la Iglesia.

Por sobre estas sospechas que yo había comenzado a sostener, aprendí también acerca de las persecuciones históricas que tuvieron lugar durante y desde el medioevo, en particular los eventos de las cruzadas y la inquisición, que los siguieron. De hecho, la moral de la inquisición fue exportada al Nuevo Mundo por los “conquistadores” españoles y portugueses, y los papas romanos maniobraron para establecer riquezas y poder en Europa a través de un reino de terror maquiavélico. La familia Borgia fue particularmente ejemplar a este respecto.

Finalmente, aprendí acerca de la tentativa de la Iglesia de sofocar y negar el avance científico, que solo logró establecerse a través del Renacimiento, en una época posterior.

Todos estos factores me llevaron a creer que el Dios de la Biblia y las descripciones del Cielo y del Infierno enseñados por la Iglesia eran falsificaciones, diseñadas para subyugar y pacificar a la gran mayoría de la población bajo el gobierno de una élite minoritaria.

Confusión tortuosa

Hay un impulso primigenio en los seres humanos de adorar a Quien los creó, y de volverse hacia Él cuando están en necesidad, y solo a Él se puede apelar para sacarnos del peligro o de la confusión. He escuchado a gente exclamar in extremus: “¡Por el amor de Dios!”, “¡Oh, Dios!”, “¡Por Dios!”, etcétera, buscando socorro. Pero cuando viene la ayuda y ellos se sienten de nuevo seguros, agradecen a los entes vivos que los ayudaron en este mundo, o a sus deidades favoritas en el mundo de lo oculto. En mi mente confundida y carente de orientación, me refugié en el concepto de la Fuerza o el Poder que describí anteriormente, un Creador único e inmaterial con Quien los seres humanos (de manera individual) interactúan a un nivel personal, sin la mediación de ningúnagente invisible ni la ayuda de otros seres humanos.

La ruta que me llevó a esta conclusión fue larga y tortuosa, conceptos construidos uno sobre otro a partir de mis lecturas de ciencia ficción y de teorías primitivas de conspiración. Leí, por ejemplo: Recuerdos del futuro, de Erich Von Däniken; y El experimento Filadelfia, de Charles Berlitz y William Moore, el primero de los cuales da crédito a que la religión fue “arreglada”, y el segundo abrió mis ojos a lo que pudo ser encubierto por la élite de la sociedad y sus gobiernos en el mundo. Sin embargo, no todas las naciones ni todos los gobiernos pueden estar en la gran conspiración, si esta realmente existe, así que el lugar natural para buscar confirmación o contradicción eran las otras religiones. Para mí, las “otras religiones” eran el hinduismo y sus vástagos, en particular el budismo, así que procuré averiguar sobre ellos más a fondo.

La rama más visible del hinduismo en Londres, donde yo vivía, eran los monjes vestidos de naranja del templo de Krishna, así que me vi pronto reclutado en su secta. Aunque la meditación ritual se sentía bien, su amplio uso definitivamente proporciona un efecto calmante sobre los devotos, confirmando que predica un tipo de aplacamiento para la gente. Su historia de la creación también era bastante repulsiva: ¿quién quiere reconocer que el origen del mundo fue una enorme, pero muerta, vaca cósmica, o que evolucionamos de sus excrementos? Pronto abandoné la secta de forma tan abrupta como ingresé a ella, y leí sobre el budismo. Sabía que este último era un vástago de la madre del otro, así que no me sentí tentado a intentar y practicar el budismo. Más bien, traté de descubrir su concepto clave sobre la vida y la vida después de la muerte. Pronto descubrí que, al igual que el hinduismo, el Más Allá era concebido como una serie de rencarnaciones, y que estamos atados a nuestras vidas en la rueda del destino. Sin embargo, en lugar de buscar unidad con la mente cósmica de Dios, la perfección del Nirvana, el budismo busca alcanzar la iluminación y la libertad del ciclo de nacimiento y muerte. Esta iluminación niega el ego, puesto que este debe someter su jurisdicción con el tiempo para alcanzarla, y dejar que el infinito y lo incognoscible asuman el control. En un sentido estricto, el budismo es una filosofía religiosa que toma al ego humano como el único dios que domina la vida, y cuyo camino es un objetivo ateo en la vida futura.

Una vez más, buscando eliminar la orientación del ego, el budismo puede ser visto como el concepto marxista de “opio para el pueblo“. Hace a la gente manejable y controlable por parte de la élite en la sociedad; pero, ¿qué pasa con las formas de “resistir al sistema”? ¿Y qué de las religiones prehistóricas o aquellas religiones que ya desaparecieron? Una de las primeras formas de religión sobre las que aprendí fue el totemismo. El totemismo postula la existencia de un espíritu equivalente a una señal en el mundo real, por lo general un animal. Toda una tribu puede tener un espíritu tótem colectivo, como el oso de cueva, mientras que los individuos pueden poseer un tótem individual, como el lobo gris. Además, si uno busca ayuda en un esfuerzo en particular, como la caza, el tótem del animal cazado puede ser consultado en búsqueda de señales de dónde podría estar la presa.

Hay una conexión clara con los oráculos mágicos en el uso de los rituales totémicos, señalando la existencia de fuerzas invisibles en el mundo. También hay otras vías hacia esas fuerzas, como la astrología y la adoración a la naturaleza. Entre esta última, hay una corriente que ve a la Tierra como Gaia, la madre de todo en la naturaleza, y modelo de interacción entre las criaturas del sistema ecológico. A mí me gustó esta idea de que la Tierra era un individuo viable que debe ser respetado, y que es capaz de guiarnos y de proteger al guiado, mientras castiga a quienes trabajan en contra de ella y no toman su guía. No hace mucho, un hombre llamado James Lovelock fue capaz de expresar cómo me sentía en ese entonces, en un libro llamado La venganza de la Tierra, que publicó en 2006.

Sin embargo, la Tierra es demasiado estrecha para hacer una búsqueda de un creador universal, así que la primera vía me resultó más atractiva. Pertenece a los cielos, y los cielos son mucho más amplios. La astrología le asigna significados e influencias a los cuerpos celestes y a su posición en los cielos en el momento del nacimiento de cada persona, para determinar el destino de ese ser individual. También se basa en la posición de la esfera celeste en un punto dado del tiempo y el espacio sobre la superficie terrestre para realizar predicciones de lo que puede ocurrir en la ruta del destino y, por lo tanto, aconsejar sobre decisiones de la gente dentro de la esfera de influencia de dichos eventos predichos. Por un tiempo, me hice astrólogo aficionado, pues sentía que estaba en contacto con una fuerza universal, no local.

Luego conocí a un hombre que me llevó de nuevo a mi religión de nacimiento a fin de buscar respuestas universales. Por desgracia, no puedo recordar su nombre, pero su país de origen era Irlanda y su religión era la católica romana, como la que yo había tenido. Su perspectiva, sin embargo, no era tan retrógrada como la de algunos férreos católicos romanos que conocería más adelante. Resulta que él me vio mientras leía un libro llamado Omega deStewart Farrar, que me dio una idea de la brujería y de la religión de la Wicca. Tuvimos una larga discusión que duró casi un día, mientras estábamos sentados en una playa en Algarve, Portugal. Él trataba de describir el concepto de Dios y estaba de acuerdo conmigo en que Jesús no era Dios. Dios era un poder inmaterial e invisible y tenía Señorío sobre todas las cosas. Con la información que había recibido de Stewart Farrar, describí lo que sentía que era la esencia de la Divinidad y mi relación, o la relación de mundos, con ella. Sentía que “Dios” era el iniciador divino, cuyo “camino” eran las leyes del mundo natural. Dije que creía que cada mundo era diferente y seguía sus propias leyes, pero que había una ley universal que era Dios y Su Guía. Ir “con el flujo” significaba “bueno”, mientras que ir contra el flujo significaba malo. Ejemplos de ir con el flujo es utilizar las medicinas naturistas para sanar, mientras que ir en contra del flujo es elaborar agentes químicos que imitan el efecto de la medicina naturista. Ir con el flujo sería ambientalmente amigable, mientras que ir en contra del flujo causaría contaminación, etc.

Ese era mi estado cuando me casé con mi esposa portuguesa. Ella era católica romana, pero hacía mucho que no practicaba. En breve ella quedó embarazada, y mi primer hijo llegó al mundo.

Fuente: Tomado con alguna modificaciones editoriales de www.islamreligion.com

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