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Cómo el estudio de la ciencia me acercó a Dios

El estudio de la ciencia me acercó a Dios, especialmente al descubrir las leyes físicas vigentes en el universo y mencionadas en el Corán hace 1400 años

El estudio de la ciencia me acercó a Dios, especialmente al descubrir las leyes físicas vigentes en el universo y mencionadas en el Corán hace 1400 años

Por: Kashif N. Chaudhry

Nací en una casa musulmana de padres que ponían mucho énfasis en la espiritualidad y la ciencia.

Al crecer, me enseñaron a decir siempre la verdad, a ser amable con los demás, a servir a la humanidad de todas las maneras posibles y a nunca esperar ninguna forma de agradecimiento a cambio. Me enseñaron que el servicio desinteresado era el núcleo del Islam. Recuerdo leer el Corán desde una edad muy temprana y reflexionar sobre sus comentarios regularmente.

El concepto de Dios en el Islam es el de un Ser espiritual, un Creador consciente que se ocupa de las necesidades del hombre, espera que el hombre sirva a Su creación y ante quien todos somos responsables al final. Con mis experiencias espirituales a través de la oración, mi creencia en Dios era fuerte incluso cuando era niño.

Y a medida que experimentaba este lado espiritual, nació en mí un fuerte deseo de seguir las ciencias.

El Islam pone gran énfasis en la ciencia y la educación. El Corán insta a los musulmanes a reflexionar sobre las leyes del universo, presentando de forma repetida ejemplos de cosmología, geología, embriología, etc. Esta es la razón por la cual la ciencia progresó mucho en la edad de oro del Islam. El mundo vio grandes científicos como Ibn al-Haytham (el padre del Método Científico), al-Khawarizmi, Avicenna, Jabir Ibn Hayyan, Razi, etc. No es de extrañar que la universidad más antigua que existe en el mundo hoy en día sea la Qarawiyyin, en Marruecos, fundada por una mujer musulmana llamada Fátima al-Fihri en 859 dC.

Impresionado por la llamada del Corán al razonamiento científico, yo también adopté la ciencia como una carrera profesional. Y cuanto más estudiaba ciencias, más crecía en la creencia. Todo tenía sentido.

Tome los movimientos de los cuerpos planetarios como ejemplo. El Corán dice:

Él es Quien creó la noche y el día, el sol y la luna. Cada uno navega en una órbita. (Los Profetas, 21:33)

Este conocimiento del movimiento planetario era desconocido en la Arabia del siglo VII. Aunque algunos astrónomos griegos, que no tuvieron ningún contacto con el Profeta Muhammad, ya habían sugerido que la Tierra no era estacionaria, la afirmación del Corán de que todos los cuerpos celestes, incluido el Sol, se movían en órbitas era algo sin precedentes. Este hecho no se conocería hasta muchos siglos más tarde. ¿Cómo tenía el autor del Corán esta información? ¿Y quién era este autor?

Tomemos otro ejemplo: la teoría del Big Bang. Esta teoría postula que la materia se expandió rápidamente desde un estado de extremada alta densidad y temperatura, explotando violentamente para marcar el origen del universo hace 13.800 millones de años. Mientras estudiaba la teoría, palabras del Corán venían a mi mente:

¿Es que no ven los que se niegan a creer que los cielos y la tierra estaban juntos y los separamos? (Los Profetas, 21:30)

Leer este versículo crea una imagen del Big Bang en nuestra mente. ¿Cómo tenía el autor del Corán esta información 1400 años antes de que se conocieses la teoría, actualmente aceptada, sobre los orígenes del Cosmos? ¿Era Él era el Creador que él decía ser? Y lo que es aún más interesante es el hecho de que este versículo está dirigido a los no creyentes, como para transmitir una profecía sobre este gran descubrimiento científico de nuestro nacimiento cósmico.

A medida que crecía mi interés por la cosmología y la astrofísica básica, me quedaba aún más desconcertado. Durante demasiado tiempo se pensó que el universo era estático, hasta que los científicos de finales del siglo 20 tropezaron con un descubrimiento histórico. Descubrieron que, de hecho, el universo se estaba expandiendo a un ritmo en aceleración. El renombrado físico Stephen Hawking destaca la importancia de este hallazgo en estas palabras:

“La expansión del universo fue uno de los descubrimientos intelectuales más importantes del siglo XX o de cualquier siglo. Transformó el debate sobre si el universo tuvo un comienzo. Si las galaxias se están separando ahora, deben haber estado más juntas en el pasado. Si su velocidad hubiera sido constante, habrían estado todas unas encima de otras hace unos 15 mil millones de años. ¿Fue este el comienzo del universo? Muchos científicos todavía están descontentos con el comienzo del universo porque parece implicar la desmembración de la física. Tendríamos que invocar a una agencia externa, que por conveniencia se puede llamar a Dios, para determinar cómo comenzó el universo”.

Esto me recordó nuevamente las palabras de El Corán:

Hemos edificado el cielo con solidez. Y lo mantenemos en expansión. (Los que levantan un torbellino, 51:48).

¿Cómo sabía el Autor del Corán que el Universo se estaba expandiendo? No se puede negar que este autor conocía los secretos más profundos del Universo, secretos que solo estamos descubriendo ahora.

El Corán menciona muchas más verdades científicas que el hombre no conocía hace un milenio. Por ejemplo, hoy sabemos que la vida depende del agua. Esta es exactamente la razón por la que buscamos el agua como una indicación de la vida en otros planetas. El Corán menciona este hecho:

Y Él es Quién creó un ser humano a partir del agua. (El Discernimiento, 25:54)

Y en el versículo 24:45, el autor del Corán afirma que toda la vida depende del agua.

Pero luego me acordé de este versículo del Corán:

En realidad los hemos creado de barro viscoso. (Los que se ponen en filas, 37:12).

¿Cómo podría la vida originarse en agua y barro al mismo tiempo? ¿Cuál de los dos fue? ¿Era el Corán contradictorio? Una vez más, la ciencia brindó la respuesta a mis preguntas. En un documento publicado en la prestigiosa revista Nature a principios del año pasado, los investigadores de la Universidad de Cornell demostraron que la arcilla podría haber sido el lugar de nacimiento de la vida en la tierra. Los investigadores demostraron la importancia del confinamiento para las biomoléculas y las reacciones bioquímicas en la evolución de la vida temprana y sugirieron que la evolución de la vida temprana pudo haber ocurrido en un entorno de hidrogel de arcilla. Me quedé impresionado de nuevo. La vida, tal y como la entendemos hoy en día, depende del agua y muy probablemente se originó en la arcilla.

Cuanto más buscaba la ciencia con un celo religioso, más crecía en la creencia. No había otra opción, sino estar de acuerdo en que el Autor del Corán es, como él dice, el Creador del Universo y la vida que hay en él. Porque si no, ¿cómo sabía sobre los secretos del universo y de nuestro origen? Secretos que solo ahora comenzamos a comprender más de mil años después de la revelación del Corán.

Igualmente significativo para mí fue el hecho de que ni un solo principio científico proclamado por el autor había sido probado incorrecto.

El famoso cosmólogo Carl Sagan escribe:

“La idea de que Dios es un hombre blanco de gran tamaño con una barba suelta que se sienta en el cielo y hace coincidir la caída de cada gorrión es ridícula. Pero si por Dios se quiere decir el conjunto de leyes físicas que rigen el universo, entonces claramente existe ese Dios”.

Estoy de acuerdo con su primera afirmación por completo. El Dios del Corán no es una entidad física. No es un anciano sentado en el cielo. Es un ser espiritual que no se puede buscar con nuestros sentidos físicos, sino a través de una percepción espiritual sincera. En la segunda parte, Carl Sagan infiere que, en su opinión, las leyes de la física podrían considerarse “Dios”. En mi opinión, estas leyes, por impecables que sean, no son posibles por sí mismas. Creo que un Ser Consciente puso estas leyes en movimiento, y sometió a todo el Universo a ellas hace 13.800 millones de años en el momento del Big Bang.

Incluso el propio Stephen Hawking dijo cuando estaba en la cima de su carrera:

“No puedes entender las glorias del universo sin creer que hay algún Poder Supremo detrás de ello”.

Elegí llamar a este poder Supremo Dios. Y continúo adorándolo a través de la oración y a través del servicio desinteresado de su creación. Y con cada día que pasa, a medida que profundizo más en el mundo de la ciencia, veo el hermoso trabajo de este Creador en diferentes formas. A través de este trabajo, lo veo a Él y me acerco a Él.


Fuente: https://www.huffingtonpost.com/ Traducido y editado por Truth Seeker Es

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