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¿Argumenta la ciencia a favor o en contra de Dios?

¿Argumenta la ciencia a favor o en contra de Dios?

Por: Eric Metaxas

En 1966 la revista Times publicó un historia en portada que preguntaba: “¿Ha muerto Dios?” La portada reflejaba el hecho de que mucha gente había aceptado la narrativa cultural de que Dios estaba obsoleto, que a medida que la ciencia progresaba había menos necesidad de un ‘Dios’ que explicase el universo.

Resulta que los rumores de la ‘muerte de Dios’ eran prematuros. De hecho, quizás los mejores argumentos para su existencia vienen, de entre todos los sitios, de la ciencia.

Esta es la historia. El mismo año que Times destacaba su, ahora famoso titular, el astrónomo Carl Segan anunciaba que hay dos criterios necesarios para que un planeta sustente la vida: el tipo adecuada de estrella y una planeta a la distancia adecuada de la estrella. Dado que aproximadamente hay un cuatrillón de planetas en el universo -esto es un 1 seguido de 24 ceros- debería de haber un trillardo de planetas -un 1 seguido de 21 ceros- capaces de sustentar vida.

El mayor milagro de todos los tiempos es el universo. Es el milagro de todos los milagros, uno que ineludiblemente indica hacia algo, o alguien, más allá de sí mismo. Esto nos dice la ciencia.

El mayor milagro de todos los tiempos es el universo. Es el milagro de todos los milagros, uno que ineludiblemente indica hacia algo, o alguien, más allá de sí mismo. Esto nos dice la ciencia.

Con una posibilidades tan espectaculares, los científicos eran optimistas de que la búsqueda de vida extraterrestre inteligente, conocida por las iniciales ‘SETI’ (en inglés), un ambiciosos proyecto lanzado en 1960, daría resultados pronto. Con una amplia red de radiotelescopios, los científicos esperaban escuchar señales que pareciesen inteligencia codificada. Pero a medida que los años pasaban, el silencio del universo era ensordecedor.

En 2014 los científicos no han oído nada, bubkis, zilch, es decir, ceros seguido de un número infinito de ceros.

¿Qué ha pasado? Mientras que nuestro conocimiento del universo avanzaba, se hizo más claro que hacían falta muchos más factores necesarios para la vida -no digamos ya vida inteligente- de los que Sagan supuso. Sus dos parámetros se convirtieron en 10, luego en 20, luego en 50, lo que significó que el número de planetas potenciales para la vida disminuyó de igual manera. El número descendió a unos cuantos de miles y siguió descendiendo. Incluso quienes apoyaban el programa SETI reconocieron el problema. Peter Schenkel escribió en 2006 un artículo para Skeptical Inquirer, una revista que afirma firmemente el ateísmo: “A la luz de nuevos descubrimientos e información debemos admitir que las primeras estimaciones no se pueden mantener”.

Hoy existen más de 200 parámetros conocidos para que un planeta pueda sustentar vida. Todos y cada unos de ellos tienen que darse exactamente o si no todo se desmorona. Por ejemplo, sin un planeta gigante con una potente gravedad, como Júpiter, que esté cerca para atraer asteroides, la tierra sería más una diana interestelar que la esfera verde que es.

Dicho de forma simple, las probabilidades en contra de la vida en el universo son increíbles. Y, aún así, aquí estamos, no solo existiendo, sino hablando sobre existir. ¿Qué es responsable de ello? ¿Pueden haberse cumplido todos estos parámetros de forma perfecta por accidente? ¿En qué punto es justo admitir de que es la misma ciencia quien sugiere que no podemos ser el resultado fuerzas aleatorias? ¿No requiere mucha menos fe el asumir que una inteligencia ha creado estas condiciones perfectas que creer que una Tierra autosuficiente ha conseguido batir estas probabilidades inconcebibles?

Pero espera, aún ahí más.

El prefecto ajuste necesario para que exista la vida en un planeta no es nada comparado con el ajuste perfecto que el universo necesita para tan solo existir. Por ejemplo, los astrofísicos saben ahora que el valor de las cuatro fuerzas fundamentales -la gravedad, el campo electromagnético, y los campos nucleares fuertes y débiles- fueron determinados en menos una millonaba parte de un segundo después del Big Bang. Altera cualquiera de esto parámetros, incluso de forma minúscula, y el universo, tal y como lo conocemos, no podría existir. Por ejemplo, si la relación entre el campo nuclear fuerte y el campo electromagnético, hubiese sido errónea por la más pequeña fracción de la fracción más pequeña concebible, no se podría haber formado ninguna estrella. Multiplica solo ese parámetro por todas las otras condiciones necesarias, y la probabilidades en contra de que el universo exista son tan astronómicamente inconcebibles que la noción de que simplemente ‘sucedió’ desafía al sentido común. Sería como tirar una moneda al aire y que se queda con la cara hacia arriba 10 trillones de veces seguidas. No lo creo.  

Fred Hoyle, el astrónomo que acuñó el término ‘Big Bang’, dijo que su ateísmo había sido “sacudido fuertemente” por estos descubrimientos. Uno de los más conocidos físicos teóricos, Paul Davies, ha dicho que ‘los indicios del diseño son abrumadores’. Incluso el fallecido Christopher Hitchens, uno de los más agresivos defensores del ateísmo, concedió que “el argumento del perfecto ajuste era el más poderoso argumento de la otra parte”. El profesor de matemáticas de la universidad de Oxford, Dr. John Lennox, ha dicho que: “Mientras más conocemos nuestro universo, más gana en credibilidad la hipótesis de que hay un creador como la mejor explicación de porqué estamos aquí”.

El mayor milagro de todos los tiempos es el universo. Es el milagro de todos los milagros, uno que ineludiblemente indica hacia algo, o alguien, más allá de sí mismo.


Fuente: Transcripción y traducción del vídeo por Truth Seeker

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