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Del ateísmo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (7)

Del ateísmo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (7)

Del ateísmo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (7)

Del ateísmo al Islam: Jeremy Ben Royston Boulter (7)

Autor: Jeremy Ben Royston Boulter

“Finalmente, deben creer en la predestinación, que significa ‘destino’. Esto es, que todo lo que acontece en este mundo es por voluntad de Dios. Si algo que les ocurre les gusta, deben decir ‘alabado sea Al‑lah’. Y si no les gusta, es una prueba o un castigo de Él. Entonces, deben decir ‘alabado sea Al‑lah’, y arrepentirse y corregir lo que sea que estén haciendo mal. Sobre todo, deben tener paciencia, y esperanza de que lo mejor está a la vuelta de la esquina”.

Esto último estaba más allá de mi entendimiento, y me resultó difícil de comprender. Incluso los compañeros le preguntaron al Profeta: “¿Por qué deberíamos molestarnos en obrar, si no podemos evitar nuestro destino? ¿Deberíamos dejar de hacer obras y confiar en Al‑lah?”

Su respuesta fue que no debemos dejar de hacer obras. Dijo que los hombres y mujeres destinados al Infierno, aunque sus obras fueran buenas hasta cierto punto de su vida, comenzarían a hacer obras que les granjearían el fuego cuando se acercaran a su muerte. Y el hombre o la mujer destinada al Paraíso, aunque no tuviera obras buenas a su nombre hasta cierto punto de su vida, comenzaría a hacer las obras que le conseguirían el Paraíso cuando se acercara a su muerte. Lo que eso significa para el individuo es que debe hacer obras buenas ahora mismo, pues nadie sabe cuándo va a morir. No sabemos para qué estamos destinados, así que debemos ejercitar nuestro libre albedrío en lo que hacemos. Y si queremos ser de los favorecidos, debemos esforzarnos en hacer buenas obras en el presente, en caso de que la muerte nos encuentre de improviso.

Aun cuando yo no tenía del todo claro este último punto, estaba muy de acuerdo con los primeros cinco puntos del credo, y ni David ni John objetaron. Cada uno de nosotros dijo: “Estoy listo”.

Él tomó por separado la confesión de fe de cada uno de nosotros. Cuando me llegó mi turno, me dijo: “Repite después de mí: Ash-haddu an laa ilaha il-la Al-lah, wa ash-haddu ana Muhammadan nabian wa rasulu Lah“.

El baño purificador y una vida nueva

Él explicó que todo aquel que dijera libremente y con sinceridad estos dos testimonios, no solo se convertía en musulmán, sino que Al‑lah le prometía el Paraíso, aunque sus obras fueran pocas. Entonces, dijo: “Ahora deben bañarse y hacer su primera oración formal, que será la oración del medio día, seguida de la oración de la media tarde. Yusuf les mostrará cómo hacerlo”.

Incluso antes de que aprendiéramos cómo hacer la ablución, los hermanos vinieron y nos abrazaron, con sonrisas y felicitaciones vertidas sobre cada uno de nosotros. Entonces, escuché una pregunta que oiría muy a menudo, tanto que llegué a creer que era una parte necesaria de abrazar el Islam: “¿Qué nombre vas a tomar, ahora que eres musulmán?”

“¿Por qué debería cambiarme el nombre?”

“Estás comenzando una vida nueva, como un recién nacido. ¡Apenas tienes un minuto de edad!”

Bueno, no lo había decidido, puesto que no había pensado en ello. David y John mantuvieron sus nombres, simplemente los tradujeron al árabe como sus pseudónimos musulmanes, Dawud y Yahiah. Yo retrasé mi decisión.

Todavía había luz de día, pero eran casi las tres y media de la tarde. Yusuf era un divulgador chino, uno de los asistentes del centro. Él nos mostró cómo hacer ablución en la zona de ablución pública, explicándonos cada parte. Fue tanto más claro como más apegado a la normatividad que lo que los huérfanos me habían mostrado.

Él se aseguró de que yo lo hiciera bien, y luego me dijo que fuera al baño. “Cuando rezas, debes estar libre de distracciones como hambre o sed, o la necesidad de ir al baño. También debes tener cuidado con las flatulencias, ya que ellas rompen la pureza y obligan a hacer la ablución de nuevo”.

Después de que terminé de aliviarme, debía tomar un baño. El baño sería mi purificación, y señalaría mi entrada al Islam, preparándome para mis oraciones combinadas de la tarde. Suponía que era algo similar al bautismo que Juan el Bautista insistía a sus seguidores que debían hacer si querían seguirlo en la religión que predicaba. Ningún cepillado formal en la cabeza con “agua bendita” como señal de haber nacido al cristianismo, sino la inmersión completa en una corriente de agua, realizada voluntariamente por personas adultas que hubieran elegido su religión. Yo también debía mojar todo mi cuerpo, pero no por inmersión, en una corriente o río, ya que no hay ninguno en Arabia Saudita. Lo que debía hacer, consistía de cuatro etapas básicas. Tenía que lavar bien mis partes privadas y luego hacer ablución de nuevo, lavar mi cuerpo con un baldado de agua comenzando por la derecha, y finalmente verter un jarro de agua sobre mi cabeza, asegurándome de que todo mi cuerpo recibiera una ducha. Hice lo que se me pidió y salí para mi primera experiencia como musulmán practicante.

Yusuf nos llamó y nos dijo que nos mostraría lo que debíamos hacer. Entonces, dijo que nos lideraría en la oración, ya que era nuestra primera vez.

La dirección de la oración es mirando hacia La Meca, donde se encuentra la Kaaba, y consiste en ponerse de pie con las manos dobladas sobre el pecho, hacer una reverencia (una vez en una unidad de oración), postrarse (lo que se hace dos veces) y sentarse sobre los pies de uno (lo que se hacer entre pares de unidades de oración y entre postraciones, y al final de la oración). Todo lo que aprendí sobre cómo realizar la purificación y la oración, se encuentra explicado en otros artículos de este mismo sitio web.

La historia de cómo adopté al Islam como mi religión, terminó con esta primera oración formal. Sin embargo, muchas pruebas y problemas surgieron después, pero esa es otra historia. Si también sientes que debes abrazar el Islam, recuerda: el Islam es el refugio espiritual, la seguridad del apoyo de Al‑lah. También es el inicio de muchas pruebas, pues Al‑lah hace de la vida una prueba constante para los creyentes. Tus problemas en este mundo no se irán automáticamente, pero se derretirán uno tras otro con la ayuda de Al‑lah. Así que sométete a Él y sé paciente, y Al‑lah te hará uno de los que Él recompensa dos veces. Mis versículos favoritos del Corán son de Los Relatos (Al Qasas), el capítulo 28, versículos 51-55.

“Les he revelado la palabra para que reflexionen. Quienes recibieron Mi revelación antes de él, creyeron en él. Cuando se les recita [el Corán] dicen: ‘Creemos en él; es la Verdad que proviene de nuestro Señor. Antes de escucharlo ya éramos musulmanes [sometidos a Dios]’. Ellos recibirán su recompensa dos veces por haber sido perseverantes, haber respondido el mal con bien, y haber dado en caridad parte de lo que les había proveído, y cuando oían conversaciones frívolas se apartaban de ellas y exclamaban: ‘Nosotros responderemos por nuestras acciones y ustedes por las suyas. ¡Que la paz sea con ustedes! No deseamos tratar con los ignorantes [de corazón]’”.

Fuente: www.islamreligion.com

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