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El Corán no es un libro de ciencia, pero…

El Corán no es un libro de ciencia, pero…

El Corán no es un libro de ciencia

El Corán no es un libro de ciencia

Por: Daniel Haquiqatju

El Corán no es un libro de ciencia. Esto es cierto, por supuesto. Pero, cuando algunos musulmanes hacen esta afirmación, implicitamente quieren decir algo más.

Como hemos visto, hay musulmanes que exageran la compatibilidad de la ciencia y el Corán, afirmando que la ciencia y el Corán nunca entran en conflicto. Por otra parte, de los musulmanes que declaran que “el Corán no es un libro de ciencia”, algunos de ellos quieren decir que el Corán (y la religión en general) no tienen nada que decir sobre el mundo en general. Tomando prestado el término utilizado por el biólogo Stephen Jay Gould, estos musulmanes creen que la ciencia y la religión ocupan “magisterios que no se superponen”, es decir, dominios distintos y separados de autoridad y aplicabilidad. En otras palabras, la autoridad de la ciencia reside en responder a preguntas sobre el mundo que nos rodea, mientras que la autoridad de la religión reside en responder a preguntas sobre la moralidad, la espiritualidad y el “significado de todo”, y ninguna debe inmiscuirse en el asunto de la otra.

Esto, sin embargo, es una caracterización errónea en lo que concierne al Corán por la sencilla razón de que el Corán habla largo y tendido sobre el mundo que nos rodea. Es cierto que el Corán no utiliza el lenguaje científico moderno. Sin embargo, es innegable que el Corán está repleto de declaraciones sobre el mundo y la historia. Algunos ejemplos seleccionados:

  1. La creación del universo.
  2. La existencia de los Ángeles y su actividad en el mundo.
  3. La existencia de los Jinn y su actividad en el mundo.
  4. La existencia de la conciencia ausente de un cerebro funcional (por ejemplo, las almas).
  5. La resurrección de los organismos después de la muerte y la descomposición corporal.
  6. La existencia del Cielo y el Infierno.
  7. El viaje nocturno y la Ascensión.
  8. Los varios milagros proféticos (por ejemplo, separación de la luna, separación del mar, resucitación de los muertos, etc.).
  9. Las vidas extraordinariamente largas de ciertas personas (por ejemplo, Nuh, los jóvenes de la cueva) [29:14, 18:11].
  10. El Trono y Escabel del Todopoderoso.
  11. Los siete cielos (por ejemplo, [65.12] y muchos otros).
  12. El rechazo de la amana, o confianza moral, por los cielos, la tierra y las montañas [33:72].
  13. Las criaturas cantando alabanzas de su Señor y comunicándose con los profetas.
  14. La creación de Adán en el Paraíso.
  15. Las capacidades de Sulayman.
  16. La existencia de la Magia y el “mal de ojo”.
  17. La existencia de la vida en la tumba.
  18. La aniquilación de ciertos pueblos por Dios debido a su criminalidad impenitente.
  19. La realidad de la barakah, o bendición/santidad.

Estos ejemplos han sido deliberadamente elegidos por su constraste con la ciencia moderna y la historia. Cabe señalar que muchos versículos del Corán también mencionan fenómenos cotidianos como la lluvia, el desarrollo del embrión humano, el movimiento de los cuerpos celestes, etc.

Leyendo estos versículos y muchos otros como ellos, ¿qué deberían concluir los musulmanes que viven en esta era científica? ¿Son todos estos versículos -todos los cuales, en una lectura simple, están en conflicto con la ciencia moderna- sólo metáforas coloridas y fábulas destinadas a ser entendidas meramente por su importancia moral/espiritual? (Ojalá la mayoría de los musulmanes no crean esto). O, quizás, todos estos versículos se refieren a los milagros y/o al Ghayb (es decir, lo “Invisible”) y, por lo tanto, permanecen fuera del dominio de la ciencia y del conocimiento empírico. O alguna combinación de los mismos.

Evidentemente, no todas las cosas enumeradas están bajo el título de “milagrosas”. Y, es cuestionable si todo cae bajo el amplio título del Ghayb. Es una suposición común entre los musulmanes modernos que los límites que demarcan el Ghayb coinciden perfectamente con los límites de la ciencia empírica, lo cual es demasiado conveniente dada la creencia general en los “magisterios no superpuestos”.

Para decirlo de otra manera, sería una coincidencia sorprendente si las categorías islámicas clásicas de “ghayb” (“no visto”) y “hiss” (aproximadamente, “perceptible”), por ejemplo, estuviesen perfectamente alineadas con las modernas nociones occidentales de lo “empíric0” y “observación científica”. Por ejemplo, ¿serían las partículas subatómicas, como el bosón de Higgs, consideradas parte del Ghayb de la misma manera que los genios lo son del no visto? Ciertamente, el bosón de Higgs es invisible para todos nuestros sentidos, y sólo recientemente los datos de los colisionadores de partículas proporcionaron indicios de su existencia. Pero ningún ojo ha visto el bosón de Higgs y, de hecho, ningún ojo lo hará jamás.

La dificultad de categorizar tales entidades es reveladora del problema subyacente. Nos falta una categorización consistente para aplicar en todas las entidades, una categorización basada en principios que es consistente con los entendimientos clásicos, pero también se adapta a la ciencia moderna. Hago hincapié en “principios” porque simplemente estipular que “todo lo que es invisible a la ciencia moderna es de hecho Ghayb” es descabellado. Esto es porque la ciencia, una vez más, está cambiando continuamente. Lo que una vez fue invisible a la ciencia puede no serlo en el futuro. Y pensamos que la categorización de una entidad como Invisible tiene que ver con la naturaleza inherente de la entidad en sí, no simplemente ser contingente a lo que los científicos están haciendo en su campo en cualquier momento dado.

Por supuesto, yo no intentaría formular tal esquema de categorización, ni tampoco tengo interés en hacerlo. Podemos dejar eso a teólogos calificados.

Dicho esto, lo que veo como importante aquí es que, cuando leemos el Corán, nos damos cuenta de que estamos aprendiendo mucho sobre la naturaleza fundamental del universo. De hecho, aprendemos hechos mucho más significativos y penetrantes de los que la ciencia jamás podría producir.

Mi observación es que, viviendo en los tiempos modernos, muchos musulmanes no perciben visceralmente la realidad de las cosas en esta lista de la misma manera en que sienten la realidad de entidades reconocidas por la ciencia, incluso cuando éstas están tan alejadas de su experiencia diaria como lo están el cielo, el infierno, los milagros, etc.

Por ejemplo, hay musulmanes que no tienen ninguna educación científica, nunca han leído un artículo científico en sus vidas, nunca han estado en un laboratorio de ciencias, pero tienen la máxima convicción (yaqin) en, digamos, la teoría de la evolución o la realidad de los átomos, mientras que tienen menos convicción (yaqin) cuando se trata de los ángeles, jinn, el barzakh, etc El objetivo aquí no es menospreciar el valor de la ciencia o cuestionar su legitimidad. No obstante, tales actitudes que encontramos cada vez más en la Ummah son sintomáticas de la naturaleza fracturada de la ontología y la epistemología musulmanas modernas.

Entonces, ¿cuál es el mensaje que podemos sacar de esto? En última instancia, debemos eliminar la noción de los dos reinos que no se superponen. Como hemos visto, el Corán contiene vastas cantidad de conocimiento sobre el universo y cómo funciona. Tan pronto como decimos que sólo la ciencia tiene la autoridad epistemológica para describir el mundo en el que vivimos, las realidades detalladas en el Corán, consciente o inconscientemente, son relegadas al asiento trasero en nuestras mentes, condenadas a un nivel inferior de veracidad que las entidades sancionadas por la ciencia. No es difícil imaginar las consecuencias espirituales profundamente negativas que puede resultar de esto.

Hablando de forma práctica, debemos esforzarnos personalmente por internalizar el impulso revelador del Corán (y la Sunnah), para cultivar ese sentido visceral de “realidad” y yaqin cuando leemos, por ejemplo, que hay un personaje activamente tratando de sabotearnos y conspirar contra nosotros (Iblis) o que las montañas, los cielos, la tierra y todo lo que hay en ellos (es decir, todo lo que nos rodea en el día a día, aunque sea inanimado y aparentemente inconsciente) canta alabanzas a Allah (34:10, 17: 44) o que todo lo que nos sucede, no importa cuán minúsculo o cotidiano, sucede porque Dios lo desea.


Fuente: https://muslimskeptic.com Traducido y editado por Nuevos Musulmanes

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