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La evidencia racional de la necesidad de un propósito

La evidencia racional de la necesidad de un propósito

Una reflexión racional sobre la conciencia nos lleva a la realización de la necesidad de un propósito en el universo y el ser humano

Una reflexión racional sobre la conciencia nos lleva a la realización de la necesidad de un propósito en el universo y el ser humano

Por: Hamza Andreas Tzortzis

Por lo que ¿hacia dónde váis? (El Arrollamiento, 81:26)

¡Señor nuestro! No has creado todo esto en vano (La Familia de Imran, 3:191)

Allah no creó esto sino con un fin justo y verdadero; y aclara los signos para quienes los comprenden. (Jonas, 10:5)

El filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein, quien inspiró dos de los movimientos filosóficos más importantes del siglo veinte, dijo: “No tengo muy claro por qué estamos aquí, pero estoy bastante seguro que no es para el disfrute en vano”. Wittgenstein no tenía la respuesta a la perenne pregunta de cuál es el propósito de la humanidad, pero indicaba que debe de haber uno, aunque este no se pudiese descubrir de manera intuitiva. Pero también se puede argumentar que la suposición de que hay un propósito es falsa, y que si es falsa, entonces no hay nada por lo que molestarse y que simplemente hemos de continuar con nuestra vidas. Como explicó Albert Camus, el filósofo y periodista argelino-francés ganador de un premio Nobel de literatura: “Nunca vivirás si vives buscando el propósito de vivir”. La declaración de Camus no es ontológica, no es una prueba de la naturaleza de la realidad, y su preocupación parecer ser existencial; significando que lo importante es cómo la vida se desarrolla para ti, de forma individual, independiente de cualquier verdad tras la existencia. Por lo que en base a esto, hemos de preguntarnos ¿es razonable creer que tenemos un propósito?

¿Es razonable creer que tenemos un propósito?

Para responder esto, tengamos los siguientes puntos en consideración:

Probablemente estés leyendo esto en una habitación, sentado en un silla, y casi seguro que tienes algo de ropa puesta. Por lo que hagamos la pregunta ¿con qué propósito? ¿Por qué llevas ropa puesta y qué propósito tiene la silla? Dado que esto son preguntas retóricas, no hace falta que las respondamos, todos sabemos las respuestas. El propósito de las sillas es que no sentemos en ellas y que aguante nuestro peso, mientras que el de la ropa es que nos mantenga caliente, cubra nuestras desnudez y que nos haga ser más atractivos… Ahora vayamos de esta habitación a un bosque. En el bosque obviamente hay árboles y en un árbol en particular hay un polilla. Esta polilla está en ese árbol alimentándose de la savia del árbol, y bajo esta hay otra polilla que cumple un papel bastante raro, se alimente de los excrementos de la primer polilla. Esto es así porque la primera polilla expulsa sus excrementos casi de forma inmediata tras beber la savia. Seguramente te preguntas a dónde queremos llegar con esto. Fijémonos primero en la segunda polilla. Su propósito es limpiar los excrementos de la primer polilla para que estos no caigan por el árbol y esto atraiga a hormigas y otros insectos que se comerían a la primera polilla. De forma simple, la segunda polilla es la póliza de seguros de la primera polilla.

Tengamos esto en cuenta. Seguramente hace tres minutos no sabías nada sobre este tipo de polillas, de hecho, si hubiese un genocidio de polillas, probablemente no te importaría, bueno, a casi nadie le importaría. Pero atribuimos un propósito a una criatura tan insignificante y, volviendo a nuestra ropa y nuestra silla, atribuimos propósito a estos objetos que son inanimados sin capacidad emocional ni mental. Y a pesar de esto ¿no atribuimos propósito a nuestra propia existencia? ¿No es esto absurdo?

Creer que no tenemos propósito no es solo irracional, sino problemático. Es problemático de una forma práctica porque presenta una indicación de que muchas de las cosas que hemos conseguido como seres humanos seguramente no las hubiésemos conseguido porque la gente que hizo esos impresionantes descubrimientos, incluyendo cosas como la penicilina, no hubiesen tenido ningún motivación para ello. Esto sucedió así porque esta gente tenía una vida orientada hacia un propósito, sin el cual seríamos como animales que siguen sus instintos, en otras palabras, seríamos como robots vagando a la espera de que se agote el ácido de nuestra baterías. Las realidades de una vida sin propósito fueron también destacadas por el filósofo Arthur Schopenhauer, quien decía que el mundo está en bancarrota y que no hay ninguna razón para alegrarse por la existencia; llegó incluso a decir que podría ser mejor si no existiese, y llegó a proponer el suicidio como una solución posible.

Entonces ¿por qué es irracional? Es irracional porque si cada cosa compleja y diseñada que descubrimos parece tener un propósito, incluyendo la insignificante polilla y las cosas que desarrollamos y creamos, le sigue de forma lógica que nosotros hemos de tener un propósito también. Negar esto sería equivalente a creer en cosas sin ninguna evidencia, dado que no hay ninguna evidencia que diga que no tenemos propósito, sino al contrario, tenemos evidencias que indican que las cosas tiene un propósito, y por esa razón podemos pensar esto de nosotros mismos. Incluso los científicos indican que es irracional el afirmar que nuestro universo es impersonal y el resultado de una ciega casualidad. Es interesante notar que estos han explicado que los procesos físicos en el universo tienen algún tipo de propósito. Por ejemplo, el astrónomo Sir Fred Hoyle describió el universo con los atributos de Dios y los físicos  Zeldovich y Novikov propusieron la pregunta de por qué la naturaleza eligió crear este universo y no otro.

Finalmente podemos argumentar que sin un propósito no tenemos un significado más profundo en nuestras vidas. Por ejemplo, si tomamos la conclusión lógica del punto de vista apático científico, estamos en un barco que se está hundiendo. Este barco se llama universo, porque de acuerdo a los científicos el universo va a llegar a una muerte segura y un día el sol destruirá la tierra. Por lo tanto este barco se va a hundir, por lo que ¿cuál es el sentido de ordenar las sillas de la cubierta o darle un vaso de agua a una anciana? Como dijo Fyodor Dostoyevsky, el escritor ruso: “Sin una meta y un esfuerzo para alcanzarla, nadie puede vivir”.

De estas proposiciones pueden surgir varios argumentos; el primero que un perspectiva en el mundo sin ningún propósito nos da más libertad para crear un propósito por nosotros mismos. Hay algunos existencialistas que argumentan que nuestra vida no está basada en nada, y que de esta nada podemos crear un nuevo abanico de posibilidades para nuestra vida y de esta manera crearnos un propósito. Esta filosofía se apoya en la idea de que nada tiene significado y que debemos crear un nuevo lenguaje a través del cual llevar vidas con significado y satisfactorias. El problema con este enfoque es que utiliza el signficado para demandar la ausencia del mismo; es también un autoengño, puesto que niegan el propósito solo para crearse uno ellos mismos. Además, implica que no existen valores morales objetivos ni verdades porque no hay una base ontológica para ello. Esto es contra-intuitivo y se opone nuestro consenso sobre el pensamiento moral transcultural. La filosofía de la guerra es un buen ejemplo de este pensamiento transcultural. Durante más de 2500 años ha existido un aceptación transcultural que decía que no se deben usar venenos en la guerra, incluso aunque estuvieses siendo derrotado. Aunque en la práctica la gente no siempre lo siguiera, si aceptaban esto como norma.

Otro punto a tener en cuenta es el hecho que los evolucionistas proponen: que nuestro propósito es propagar nuestro ADN, como explica Richard Dawkins en su publicación “El gen egoísta”, en el cual argumenta que nuestro cuerpos se han desarrollado solo para esa función. El problema con esta proposición es que relega nuestra existencia a un accidente casual a través de un largo proceso biológico. En esencia, el valor de nuestra vida pierde su significado y la moralidad se convierte en algo de gusto personal. Tal y como dice Michel Ruse, filósofo de la ciencia: “La moral es una adaptación biológica al igual que lo son nuestros pies, manos y dientes. La moral es simplemente un ayuda a la supervivencia y la reproducción… y un significado más profundo en ilusorio”.

La perspectiva evolucionaria crea más problemas de los que resuelva puesto que no puede ofrecer una respuesta adecuada a la conciencia y la presencia de facultades racionales. Tomemos la conciencia por ejemplo, ¿cómo puede aparecer una realidad subjetiva inmaterial de una substancia material? La conciencia no es algo físico, no está contenida en ninguna célula o estructura biológica. La realidad más intuitiva y no cuestionada es que todos somos conscientes pero no podemos describir o explicar qué es esta conciencia. Una cosa de la que podemos estar seguros es que esta conciencia no puede ser explicada de forma biológica o química. La principal razón de esto es que la evolución no descubre la conciencia, sino que es al revés. Si intentamos que la evolución explique la realidad de la conciencia entraríamos en un círculo vicioso. Incluso los científicos reconocen esto. El físico Gerald Schroeder hace notar que no hay una diferencia real entre un puñado de tierra y el cerebro de un Einstein. Si intentamos usar la evolución física como explicación para la conciencia, surgen preguntas más importantes, como ¿cómo es posible que ciertos tipos de materia crean de forma espontánea un nueva realidad que no se parece en nada a la materia?

Entonces si la conciencia no se puede explicar de una forma física, la siguiente pregunta es ¿cómo surgió? La historia del universo indica que la conciencia surgió de forma espontánea y que el lenguaje se desarrolló sin ninguna forma evolucionaria anterior. Incluso lo neo-ateístas no han conseguido explicar la naturaleza de conciencia y su fuente, dado que no hay ninguna explicación física lo suficientemente coherente como para explicarlo. Incluso Richard Dawkins admite la derrota en este campo y dice: “No lo sabemos, no lo entendemos”.

En conclusion, tenemos más razones para creer que tenemos un propósito más profundo y más allá de la simple supervivencia genética y la propagación del ADN que para creer lo contrario. Darnos cuenta de que tenemos un propósito es la mejor manera de explicar las realidades que nos rodean, en el universo y en nosotros mismos. El filósofo escocés David Hume dijo: “Un hombre sabio relaciona sus creencias a la evidencia”. En este caso entonces, lo más sabio es aceptar que tenemos un propósito y que este da sentido a nuestra existencia. La pregunta que surge entonce es ¿cuál es este propósito?


Fuente: http://www.hamzatzortzis.com/ Traducido y editado por Truth Seeker

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