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Por qué la ciencia no niega a Dios

Por qué la ciencia no niega a Dios

A pesar de todos los avances de la ciencia, esta no refuta la existencia de Dios

A pesar de todos los avances de la ciencia, esta no refuta la existencia de Dios

Por: Amir D. Aczel

Artículo publicado por la famosa revista Times, el 27 de 04 de 2014.

La biología, física, matemática, ingeniería y medicina nos ayudan a entender el mundo; pero todavía hay mucho que continúa siendo un misterio en la vida.

Un número de libros y artículos recientes te harían creer que, de alguna manera, la ciencia ha refutado la existencia de Dios. Sabemos tanto sobre cómo funciona el universo, dicen sus autores, que Dios es, simplemente, innecesario: podemos explicar todos los funcionamientos del universo sin necesidad de un Creador.

Y, la verdad, es que la ciencia nos ha hecho entender muchas cosas. La suma total del conocimiento humano se dobla, más o menos, cada dos años. En física y cosmología, podemos decir que sabemos lo que pasó tan pronto como un mínima fracción de un segundo después del Big Bang, a veces, esto puede parecer increíble. En química, entendemos las más complicadas reacciones entre átomos y moléculas y en biología sabemos cómo las células vivas funcionan y han creado todo nuestro genoma. Pero ¿refuta esta gran base de conocimiento la existencia de una fuerza pre-existente que puso nuestro universo en funcionamiento?

La ciencia ganó grandes batallas contra los enquistado dogmas religiosos en el siglo XIX. En 1800, los descubrimientos de Neandertales en Bélgica, Gibraltar y Alemania probaron que los humanos no eran lo único homínidos que habitaron la tierra. Los fósiles y restos de animales y plantas extintos prueban que la vida cambia durante miles de años y que a veces perece. Estos descubrimiento dieron fuerza a la entonces emergente teoría de la evolución, publicada por Charles Darwin en 1859. Y en 1852, Leon Focault, un físico francés autodidacta probó de forma definitiva que la tierra gira -en lugar de estar fija en un punto y el sol girando a su alrededor- usando un péndulo especial cuyo movimiento circular revelaba la rotación terrestre. Los descubrimiento geológicos hechos por esa misma época desacreditaban la hipótesis de una tierra joven. Sabemos que la tierra tiene billones de años, no miles, como algunos teólogos habían calculado contando generaciones hasta el profeta Adam. Estos descubrimiento refutaron la interpretación literal de las escrituras cristianas.

Pero mucho más importante que estos acertijos es la cuestión aún candente sobre los muy finos ajustes de los parámetros del universo: ¿Por qué está nuestro universo tan precisamente sincronizado para la emergencia de la vida? Esta pregunta nunca ha sido respondida de forma satisfactoria, y creo que nunca será satisfecha por una solución científica. Puesto que cuanto más nos adentramos en los misterios de la física y la cosmología, más intrincado y complejo nos parece el universo. Para explicar el comportamiento cuántico de una diminuta partícula necesitamos páginas y páginas de matemáticas extremadamente avanzadas. ¿Por qué son tan complicadas incluso las más minúsculas partículas de materia? Parece que hubiese una vasta y escondida “sabiduría”, o estructura, o un complejo cianotipo para incluso los elementos que parecen más simples de la naturaleza. Y la situación se vuelve mucho más desalentadora cuando expandimos nuestra visión a todo el cosmos.

Sabemos que hace 13,700 años una gigantesca explosión de energía, cuya fuente y naturaleza nos son completamente desconocidas y no son entendidas por la ciencia en lo más mínimo, inició la creación del universo. Y de repente, como si fuese magia, la ‘Partícula dios’ -la Higgs boson descubierta hace dos años dentro del potente acelerador de partículas del CERN, el gigantesco colisionador de hadrones- vino a la existencia y le dio al universo su masa. ¿Por qué sucedió esto? La masa constituida de partículas elementales -los quarks y electrones- cuyos pesos y cargas eléctricas tenían que estar dentro de unos muy restringidos parámetros para que esto sucediera y lo que vendría después. Puesto que de la primitiva sopa de partículas que constituía el recién nacido universo, otra vez, como por arte de magia, todos lo quarks de repente se formaron en cadenas arbóreas para formar protones y neutrones con cargas eléctricas programadas en el nivel exacto para atraer y capturar electrones, que después empezaron a circular el núcleo hecho de protones y neutrones. Todas estas masas, cargas de electricidad y fuerzas en interacción en el universo tenían que estar en la justa medida exacta para que las primeras partículas de luz se formaran. Las partículas más grandes fueron luego ‘cocinadas’ en fuegos nucleares dentro de las estrellas dándonos carbono, hierro, nitrógeno, oxígeno y todos los otros elementos que son esenciales para que la vida emerja. Y luego, la muy complicada molécula de doble hélice, el DNA que propaga la vida, sería formada.

¿Por qué vino a la existencia todo aquello que necesitamos para existir? ¿Cómo fue esto posible sin ninguna fuerza externa latente para orquestar la precisa danza de partículas elementales requeridas para la creación de todas las cosas esenciales de la vida? El gran matemático británico, Roger Penrose, ha calculado -basándose solo en uno de los cientos de parámetros del universo físico- que la probabilidad de la emergencia de un cosmos capaz de mantener la vida es de 1 dividida entre 10, elevado a la potencia de 10 y luego elevado a la potencia de 123. Este es un número tan cercano al cero como nadie ha imaginado nunca. (Esta probabilidad es mucho, mucho, menor que la de ganar el Mega Jackpot durante más días seguidos que aquellos en los que el universo ha existido)

Algunos científicos ateos han intentado, de forma rústica, explicar este misterio sugiriendo la existencia de múltiples universos -un número infinito de universos, cada uno con sus propios parámetros. En algunos de estos universos las condiciones para la vida son erróneas, pero, por la pura magnitud de este multiuniverso putativo, debe de haber alguno en el que todas las condiciones se den de forma correcta. Pero si se requiere una inmensa fuerza de la naturaleza para crear un solo universo, entonces ¿cuánto más poderosa esa fuerza debe de ser para crear un número infinito de universos? Por lo que la teoría puramente hipotética del multi universo no resuelve el enigma de Dios. Al no tener ninguna evidencia científica que pruebe lo contrario, esta fuerza es necesaria para forzar que todos lo parámetros que necesitamos para nuestra existencia -cosmológicos, físicos, químicos, biológicos y cognitivos- sean lo que son.

La ciencia y la religión son dos cara de un mismo profundo impulso para entender el mundo, nuestro lugar en él y asombrarnos de la maravilla de la vida y del cosmos infinito que no rodea.   


Fuente: http://time.com/77676/why-science-does-not-disprove-god/ Traducido con ligeras modificaciones editoriales por Truth Seeker

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