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¿Puede el materialismo explicar la mente? Teorías fisicistas sobre la mente (2/3)

Exponemos las diferentes teorías que desde el materialismo procuran explicar la mente y las críticas que han recibido

Exponemos las diferentes teorías que desde el materialismo procuran explicar la mente y las críticas que han recibido

Por: Faraz Khan

Este artículo es la segunda parte de una serie de tres, para leer la primera haga click aquí.

Las teorías fisicistas que intentan explicar los estados mentales incluyen el materialismo eliminativo, el conductismo, la teoría de la identidad y el funcionalismo.

A la luz del éxito continuo y el poder explicativo de la física, la fisiología y la neurociencia modernas, el materialismo eliminativo [ME] niega la existencia de estados psicológicos (sensaciones, pensamientos, sentimientos, etc.): nociones como “Juan siente dolor” y “Fred disfruta el helado de vainilla” se eliminan y se reemplazan por “El cerebro de Juan está en el estado neuronal X” y “El cerebro de Fred está en el estado neuronal Y”. Para eliminativistas como Paul Churchland, la opinión del sentido común de que los estados mentales son reales, lo que él denomina “Psicología popular”, es simplemente una teoría, y una que carece de poder explicativo. Por lo tanto, argumenta que es una teoría falsa: su historial de fracasos en proporcionar explicaciones científicamente útiles lleva a la conclusión de que los estados mentales de la psicología popular son meramente ilusiones.

Sin embargo, quienes se oponen a este punto de vista argumentan que (a) nuestros estados psicológicos no constituyen una teoría en sí mismos, sino que requieren una teoría (o cosmovisión metafísica) para explicarlos; y (b) el ME como teoría resulta incoherente y se refuta a sí misma, en la medida en que afirma que es cierta y que la psicología popular es falsa, revela intencionalidad, un estado profundamente característicode la mente. Las afirmaciones de verdad son actitudes proposicionales que el ME niega. La aceptación del ME presupone la psicología popular, ya que el ME rechaza las nociones de “aceptación”.

Otra teoría materialista/fisicista de la mente es el conductismo filosófico [CF], según el cual los estados psicológicos son lógicamente equivalentes a “disposiciones” del comportamiento: el dolor no es una realidad subjetiva, sino que es solo la tendencia a estremecerse o llorar o decir “¡Ay!”, etc. Para justificar el CF, los proponentes aducen como evidencia la fuerte conexión entre los estados mentales y el comportamiento, que para ellos puede explicarse fácilmente como una conexión entre las disposiciones de comportamiento y el comportamiento. Sufrir “dolor” es estar “dispuesto” a ciertos comportamientos (llorar, estremecerse, …); estar “feliz” es estar “dispuesto” a ciertos otros comportamientos (sonreír, reír, …); etcétera.

El CF también cuenta con el respaldo de la teoría del vercionismo del Círculo de Viena en la filosofía del lenguaje, una teoría que fue fundamental para la filosofía más amplia del Círculo del positivismo lógico, una forma de empirismo que niega la posibilidad de la metafísica. Este grupo de filósofos y científicos de principios del siglo XX en Viena, Austria, argumentó que el significado de cualquier declaración está arraigado en su método de verificación, y la verificación se limitaba a datos sensoriales: si una declaración no podía verificarse empíricamente, no tenía significado racional (o “cognitivo”). Por lo tanto, algunos defensores del CF argumentaron que si la observación sensorial es la única vía para determinar el significado de una proposición, los estados mentales privados pueden traducirse a un comportamiento observable sin perder el significado. Sin embargo, la mayoría de los filósofos no se suscriben al verificacionismo, que ha sido descartado casi unánimemente en la filosofía del lenguaje por varias razones, como la incoherencia de la teoría: el verificismo en sí mismo no puede ser verificado empíricamente. Además, los críticos del CF señalan que el CF es demostrablemente defectuoso, ya que es concebible que una persona pueda tener estados mentales ricos y cambiantes pero que se abstenga de cualquier comportamiento. No todo el dolor se expresa a través del llanto o la mueca, y no toda la felicidad a través de la sonrisa y la risa. Y muy a menudo, el comportamiento de una persona está informado por innumerables estados mentales (creencias, emociones, deseos, motivos, etc.) que son casi imposibles de reducir a algoritmos de comportamiento físico correspondientes.

Tanto el ME como el CF han demostrado ser generalmente insostenibles como teorías físicas de la mente, lo que lleva a la mayoría de los materialistas a adoptar lo que se denomina teoría de la identidad [TI]. Se basa en la idea de que las diferencias conceptuales no implican necesariamente una distinción real entre diferentes entidades, y que la investigación empírica puede confirmar su identidad compartida. Por lo tanto, de acuerdo con defensores como J.J.C. Smart, al igual que “agua” y “H2O”, o “relámpago” y “descarga eléctrica atmosférica”, son conceptualmente diferentes pero empíricamente idénticas, también lo son los estados mentales empíricamente idénticos a los estados cerebrales físicos a pesar de la diferencia conceptual entre ellos. Los estados mentales subjetivos en primera persona pueden parecer muy diferentes de los estados neuronales objetivos de la tercera persona. La TI sostiene que la investigación empírica ha demostrado que son idénticas. Los teóricos de la TI no proponen simplemente que los estados mentales estén relacionados o interactúen con los estados cerebrales -muchas formas de dualismo admitirán esto- sino que son la misma cosa. Los teóricos de la TI tampoco niegan la existencia de estados mentales como lo hacen los teóricos del ME. Según la TI, las experiencias de la mente son reales, pero son reducibles a las operaciones del cerebro, ya que las dos son de hecho idénticos; los estados mentales son estados cerebrales físicos. La sensación particular que tengo cuando mi dedo queda pillado por una puerta se considera idéntica a alguna actividad específica en mi cerebro (como la “activación de la fibra C” o la activación de las vías neurales asociadas con el dolor). A pesar de que difieren en el sentido, el “dolor” y la “activación de la fibra c” se refieren a una misma realidad, por lo que el dolor no es más que la activavión de la fibra c.

Una objeción convincente a la TI es observar el salto filosófico de correlación a identidad. El estudio empírico ciertamente ha demostrado una correlación entre, por ejemplo, el dolor y la activación de la fibra c. Sin embargo, como señala Roger Scruton, afirmar “identidad” implicaría que si una fibra C asociada con el dolor se eliminara por completo del cuerpo de alguien y luego se estimulara en un laboratorio, alguien o algo sentiría dolor, lo cual es evidentemente falso. Esto la objeción también podría estar enmarcada en el principio de que si A y B son idénticos, cada uno tendrá todas las propiedades del otro. Sin embargo, la experiencia consciente del dolor es que duele, mientras que la activación de la fibra c no tiene propiedades de doler.

La objeción se relaciona con la discusión lingüística de Saul Kripke sobre “designadores rígidos”, o términos que denotan el mismo objeto en cualquier mundo posible. Para que la TI fuese verdad, oraciones como “El dolor es idéntico a la activación de la fibra c” deberían de ser verdad en cualquier mundo posible, lo que significa que ambos clausulas de la oración deberían ser designadores rígidos. Sin embargo, como muestra el ejemplo anterior, podemos concebir fácilmente un mundo en el que exista la activación de la fibra c sin dolor, y en el que exista el dolor sin la activación de la fibra c; por lo tanto, la activación de la fibra c no es un designador rígido del dolor. En otras palabras, las experiencias mentales y la actividad cerebral son simplemente dos tipos diferentes de cosas, incluso si se descubren correlaciones fuertes entre las dos. Otra objeción relacionada es que la TI obvia la “realización múltiple” o la realización de los mismos estados mentales en animales con neurofisiología diferentes: si el dolor es idéntico a la activación de la fibra c, entonces los animales cuyo dolor se asocia con la activación de la firbra d (o fibras e, o fibras f, etc.) no podrían experimentar dolor, ya que el dolor es idéntico a la activación de las fibras c.

Basados ​​en la objeción de la realización múltiple y otras preocupaciones, la mayoría de los materialistas han abrazado la teoría del funcionalismo, que se basa en la noción de que una cosa se define por su función y no por su sustancia. Por lo tanto, lo que se denomina convencionalmente “estado mental” es solo una función en el comportamiento del organismo, específicamente, una conexión entre el input ambiental y el output de comportamiento. La capacidad de realización múltiple se puede acomodar: la “activación de la fibra c” humana ejecuta la misma función que la “activación de la fibra d” del gato, y “experimentar dolor” no es más que un mecanismo interno que lleva a cabo esa función particular. Y una “función” es descrita por la red de relaciones causales entre estímulos ambientales (inputr) y comportamiento corporal (output). Por ejemplo, la función del dolor se explica por la conexión entre una puerta que se cierra con un dedo o la pata de un gato (input) y el grito de “¡Ay!” O un sonido felino de tono alto (ouput).

La función también puede incorporar otros “estados mentales”, es decir, otras funciones que están conectadas internamente. Entonces, en el ejemplo del dolor, el input de un dedo que se queda pillado de golpe en una puerta estaría conectada a el “enfado”, que en sí mismo no es más que una función con sus propias conexiones algorítmicas. El lenguaje de la “mente” que los humanos usamos convencionalmente es simplemente una forma conveniente de expresar funciones. Así, como teoría de la mente, el funcionalismo permite lo que John Searle ha llamado “Inteligencia artificial fuerte” (IA fuerte), o la noción de que una computadora podría tener estados mentales genuinos, ya que teóricamente podría programarse para tener las mismas funciones exhibidas por humanos, las mismas conexiones funcionales entre input y output. Relacionado con esto, se encuentra el famoso “examen de Turing” de Alan Turing, que sostiene que una máquina se considerará inteligente (y consciente) “si se comporta como una persona común en ciertos aspectos de tal forma que otras personas comunes no pueden decir… que no es una”.

Lo que el funcionalismo excluye de la conciencia, sin embargo, son características esenciales como los qualia y la intencionalidad intrínseca. Esto lo veresmo en la tercera parte de esta serie de artículos sobre la concepción de la mente.


Fuente: https://renovatio.zaytuna.edu Traducido y editado por Truth Seeker Es, original con todas las referencias en el link.

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