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Salat: el despertar a la realidad interior

Este es el secreto del salat y el secreto del acto de sumisión con el que se es esclavo de una poderosa realidad, el secreto de la paz.

Este es el secreto del salat y el secreto del acto de sumisión con el que se es esclavo de una poderosa realidad, el secreto de la paz.

Por: Redacción

Debemos ir más allá del acto individual del Salat (oración) para poder verlo cósmicamente como un rito que se hace cinco veces al día a horas determinadas.

Un primer plano nos muestra a un hombre, o una fila de hombres, orientados hacia una misma dirección inclinándose y postrándose. Un plano más alejado revela no sólo una línea de hombres, sino que visto globalmente, todo un círculo de devoción que se centra en el punto donde está la Kaaba. Lo que tenemos pues, es una serie de círculos concéntricos que se mueven hacia el foco de adoración Mequí.

Hay otra dimensión que debe considerarse para que la imagen esté viva y en movimiento: el tiempo. En el Corán se especifica que el Salat debe hacerse a horas determinadas, horas que dependen sencillamente de la posición del sol en el cielo.

Hay cinco grupos de postraciones necesarias: la primera es la del amanecer, cuando el primer hilo de luz aparece en el horizonte; su tiempo dura hasta que el disco solar está a punto de hacerse visible. La segunda es la del mediodía, inmediatamente después de pasar el sol por el meridiano. La tercera es a la mitad de la tarde. La cuarta se hace después de la puesta del sol, cuando el disco solar ha desaparecido. La última es la oración de la noche, cuando ya no queda luz en el cielo.

De esta manera, y según la imagen global, lo que se obtiene es un interminable movimiento de círculo tras círculo hacia el punto central de la Kaba. Círculo que de hecho nunca cesa, ya que el sol sale y se pone constantemente en su viaje en torno al planeta. En el centro esta la Casa Antigua de la que dice el Corán:

Es cierto que la primera casa (de adoración) que fue erigida para los hombres fue la de Bakka (es una variante de Makka, Meca), bendita y guía para todos los mundos. (La familia de Imran, 3:96)

El foco de esta adoración y apertura a la Realidad Universal es un lugar que ha sido celebrado desde los comienzos de la historia humana como lugar de encuentro entre el esclavo y el Señor. La dinámica de energía que emana de la Casa Antigua es tan arrolladora que el orientarse hacia ella, dondequiera que sea, significa ponerse en armonía con la Unidad de la existencia y con el diseño del mundo contemplado como creación única y total.

Esta es la razón por la que el Mensajero siempre se sentaba frente a la Casa Antigua, dormía frente a ella y hacía el salat poniéndose frente a la Kaaba. El salat, visto desde este punto de vista global, desde esta perspectiva cósmica, aparece como el rito esencial y primordial de cualquier ciencia de la gnosis de la Realidad, omnipresente e imposible de ser aprehendida por el intelecto o por la experiencia sensorial.

La primera acción que hace el buscador es abrirse a esta situación en la que no sólo se sitúa en armonía con las criaturas que le acompañan, sino que además se armoniza con toda la creación orgánica al someterse al proceso del que él mismo es parte inexorable.

Esto es sumisión, esto es paz. El hombre que ha aceptado su lugar como partícula infinitesimal de un Universo vasto, dinámico y multi-dimensional, aceptando además su propia incapacidad y debilidad en un mundo que gira en un mar de infinitos planetas, ese hombre se ha abierto también al proceso de despertar su propia realidad interior, realidad que puede engullir todo ese tremendo cosmos de estrellas.

Un Maestro persa dijo:

Salí hacia la orilla del océano
y tuve una visión extraordinaria:
el barco en el mar,
y el mar en el barco.

Este es el secreto del salat y el secreto del acto de sumisión con el que se es esclavo de una poderosa realidad, el secreto de la paz. A ese hombre se le llama Musulmán: aquél que rinde su yo. La práctica se llama Islam. La raíz es la misma -SLM- “rendición” “paz”, “estar cuerdo y a salvo”.


Fuente: Libro ‘El camino de Muhammad’, de Shaij Abdalqadir

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