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El Islam no es una cultura

El Islam no es un cultura, sino una serie de principios vitales que se reviste en las culturas que emergen en diferente lugares

El Islam no es un cultura, sino una serie de principios vitales que se reviste en las culturas que emergen en diferente lugares

Por: Tariq Ramadan

El Islam no es una cultura. Nos guste o no, la esencia del Islam es religiosa. El principio central del tawhid, al que nos referimos con frecuencia, los fundamentos de la creencia y la práctica, la orientación general que encontramos en las fuentes de las Escrituras, no deja lugar a dudas sobre la realidad de esto.

Hablar del Islam es, ante todo, hablar de creencia, espiritualidad y ética, que juntas conforman una concepción de la humanidad y de la vida. Esto es el Islam, ante todo, pero eso no es todo. Ser conscientes de la existencia de diferentes metodologías en el culto y los asuntos sociales, nos permite comprender mejor el universo islámico en su relación con la cultura.

Alrededor del cuerpo de principios que definen los fundamentos de la lealtad al Islam, el área de los asuntos sociales es un campo abierto a las culturas, costumbres, descubrimientos y creatividad de la humanidad, siempre que no violen una prohibición que sea específica y explícita y reconocida como tal.

El “camino de la fidelidad” integra todos los conocimientos, artes y habilidades para el bienestar de las personas que la humanidad ha podido producir. Este principio de integración, tal como lo hemos definido, ha hecho posible que los musulmanes vivan en entornos culturales muy variados y se sientan como en casa. Este principio proporcionó la cualidad particular que hace posible distinguir entre “religión” islámica y “civilización” islámica: el Islam se erige como una civilización como resultado de esta capacidad singular de expresar sus principios universales y fundamentales a través de la difusión en la historia y la geografía, mientras que integra la diversidad y asumie las costumbres, gustos y estilos que pertenecen a los diversos contextos culturales.

Por lo tanto, si uno no percibe, desde dentro, las expresiones y las diversas lógicas de los términos de referencia islámicos, apenas puede comprender esta curiosa mezcla de unidad y diversidad. Ante esta dificultad, uno puede terminar haciendo hincapié en la unidad y refiriéndose al “Islam” sin saber exactamente lo que significa: religión, cultura o civilización; o se puede usar el plural “Islames” pensando en aclarar el tema utilizando categorías socioteológicas (usualmente tomadas de otras tradiciones religiosas) o terminología minuciosamente definida, ahogando el análisis en un mar de referencias cuya coherencia es difícil de comprender.

Sin embargo, este es un tema importante para los musulmanes que viven en Occidente, que necesitan respuestas claras a sus preguntas sobre su identidad, cultura y civilización. ¿Qué sentido se le puede dar a los matices de significado entre “musulmanes en Occidente” y “musulmanes occidentales”? ¿Son simplemente dos formas de decir lo mismo, o son, más fundamentalmente, dos realidades muy distintas?

¿Cuál es la cultura de los musulmanes occidentales?

Una vez más, el análisis, en parte, nos ayudará a construir nuestro pensamiento sobre la cuestión central de la cultura. Por lo tanto, referirse al Islam como tal es referirse ante todo a un conjunto de principios sobre los cuales se basan la fe, la espiritualidad, la práctica y la ética. Este núcleo se vestirá necesariamente en las formas de las diversas culturas en las que viven los musulmanes. Las mujeres y los hombres musulmanes que emigraron de Pakistán, Argelia, Marruecos, Turquía o Guyana, por ejemplo, trajeron consigo no solo el recuerdo de los principios universales del Islam sino también, naturalmente, el modo de vida que siguían en esos países.

Además, permanecer fieles al Islam significaba, en la mente de los inmigrantes de primera generación, perpetuar las costumbres de sus países de origen. Intentaron, sin ser conscientes de ello, seguir siendo musulmanes pakistaníes en Gran Bretaña o en los Estados Unidos, musulmanes marroquíes o argelinos en Francia, musulmanes turcos en Alemania, etc.

Fue con el surgimiento de la segunda y la tercera generación que surgieron los problemas y surgieron las preguntas: los padres que vieron que sus hijos perdían, o que ya no se reconocían a sí mismos como parte de su cultura pakistaní, árabe o turca, parecían pensar que estaban perdiendo su identidad religiosa al mismo tiempo. Sin embargo, esto estaba lejos de ser el caso: muchos jóvenes musulmanes, al estudiar su religión, afirmaron su lealtad total al Islam mientras se distanciaban de sus culturas de origen. Al mismo tiempo, más y más conversos al Islam, se encuentran con que tienen que elegir entre “hacerse” pakistaní o “convertirse en” árabe en lugar de ser musulmán, poco a poco hemos empezado a ser conscientes de este error: ¡así que hay una clara diferencia entre el Islam y las culturas de origen!

Esta conciencia y el nacimiento de una nueva comprensión del Islam marca el período de transición que estamos experimentando hoy, y es inevitablemente difícil, incluso imposible, para los padres de la primera generación. Para las generaciones más jóvenes, como para los conversos, es un signo de esperanza, el camino de la salvación que tiene el potencial de llevarlos a reconciliar sus principios islámicos con la vida en Occidente.

Hemos llamado la atención en otros lugares sobre el hecho de que un nuevo entorno puede conducir a una relectura de las fuentes con el objetivo de recuperar un principio olvidado o descubrir un horizonte aún desconocido. Esto es lo que ha sucedido con la presencia de musulmanes en Occidente. De hecho, lo que esto último nos han obligado a hacer es, en primer lugar, reevaluar nuestro entorno y la forma en que nos referimos a él, pero, más que eso, también definir nuestra identidad islámica distinguiéndola de la cultura en la que está vestida en partes particulares del mundo. Por lo tanto, los elementos que definen nuestra identidad, percibidos a la luz del principio islámico de integración, parecen ser muy abiertos y en constante interacción con la sociedad.

Sostenidos por su fe y sobre la base de su comprensión de los textos, los musulmanes deben desarrollar una comprensión del contexto occidental que les permita hacer lo que todos los musulmanes han hecho a lo largo de la historia: integrar todo lo que haya en la cultura donde viven que no contradice lo que son y lo que creen.

Por lo tanto, los fundamentos universales y compartidos de su identidad islámica se pondrán en el tramazo de una variedad de culturas, que no deben temer ni rechazar mientras permanezcan conscientes del conjunto de principios al que deben permanecer fieles.

Su identidad está determinada por factores completamente abiertos, dinámicos, interactivos y múltiples. Dependiendo de dónde vivan, los musulmanes serán de cultura francesa, belga, británica, española o estadounidense y, junto con los conversos, cuyo papel aquí será crucial (porque tienen sus raíces en estas culturas), deberían establecerse en modalidades espirituales y éticas de una vida armoniosa a través de una integración real de las cosas profundas de la vida.

En términos más generales, este proceso dará origen a lo que hemos llamado una cultura islámica europea y estadounidense, tanto respetuosa de los principios universales como sostenida por la historia, las tradiciones, los gustos y los estilos de varios países occidentales. Este ejercicio ya ha comenzado, pero sigue siendo complejo y exige una conciencia alimentada por los principios, una capacidad de análisis, una mente abierta y un sentido crítico, así como también la creatividad. Los retos son muchos y grandes.


Fuente: https://tariqramadan.com Traducido y editado por Truth Seeker Es

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