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Necesitamos al otro para conocernos a nosotros mismos

La vida es el constante encuentro con lo otro, todo aquello que no somos nosotros es otro que yo, y mediante este encuentro nos vamos descubriendo a nosotros mismos

La vida es el constante encuentro con lo otro, todo aquello que no somos nosotros es otro que yo, y mediante este encuentro nos vamos descubriendo a nosotros mismos

Por: Luqman Nieto

Necesitamos al otro para conocernos a nosotros mismos. El ser humano proyecta constantemente hacia afuera la idea de quién es él y qué es el mundo y es solo mediante el encuentro de su mirada con la mirada del otro que se la devuelve, que puede ser consciente de sus circunstancias.

La vida es el constante encuentro con lo otro, todo aquello que no somos nosotros es otro que yo, y mediante este encuentro nos vamos descubriendo a nosotros mismos. El ser humano aislado, sin contacto con el otro, no puede conocerse a si mismo. Este encuentro con lo otro crea en el ser humano la percepción de separación; él es una realidad diferenciada de resto de la creación, forma parte de ella, pero es diferente. La creación es la manifestación del poder y la voluntad de Allah en millones de formas diferente que nos indican todas ellas al Creador. Pero el ser humano reconoce en sí mismo una cualidad diferente al resto de la creación, una cualidad que reconoce en sí mismo y que reconoce en sus iguales.

Y cuando se pone frente a otro ser humano del sexo opuesto, que reconoce diferente es su forma externa pero igual en su forma interna, puede empezar a experimentar la vivencia de la unidad subyacente en la manifestación de las diferencias.

Allah ha hecho la creación en una dualidad dinámica complementaria. Dice el Corán:

Y hemos creado dos parejas de cada cosa para que tal vez reflexionarais. (51:49)

Y en un Hadiz transmitido por nuestra madre Aisha, que Allah la tenga en su misericordia, el Profeta, que la paz sea con él, dice:

Las mujeres son homólogas de los hombres. (Sunan al-Tirmidhī 113)

Esta dualidad la encontramos en todo lo que observamos. Lo finito y lo atemporal; lo material y lo espiritual; lo determinado y lo indeterminado. Y en el ser humano esta dualidad se reúne; una parte de su realidad es finita y la otra la percibe como atemporal, es material y espiritual, determinado e indeterminado. Los opuestos se reúnen en el ser humano y producen el un nuevo espacio: el lugar de encuentro entre estas dos realidades.

El ser humano se siente realizado cuando es consciente de esta realidad; y a la misma vez esta realización necesita de la unión con su homólogo opuesto para completarse, puesto que no hay nada en la creación que sea perfecto ni completo en si mismo, excepto Allah. Y busca la unión con su homólogo opuesto, ya sea el hombre con la mujer o la mujer con el hombre, y cuando se da la unión entre estas dos partes de la dualidad, el ser humano se libera y en ese momento de liberación, en ese acto último de abandono de si mismo, nace una nueva vida. A la unión sigue la necesaria separación. Sin separación no puede haber unión y la separación solo se puede dar tras la unión.

Esto solo es posible cuando tanto el hombre como la mujer son cada uno una unidad en si mismos, una expresión única de la manifestación de su esencia dual.


Fuente: http://luqmannieto.com/

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