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El cuento de la evolución humana

El cuento de la evolución humana

El cuento de la evolución humana

El cuento de la evolución humana

Autor: Harun Yahya

La tesis darwinista sostiene que el hombre moderno actual evolucionó de algún tipo de criatura simiesca. Durante este supuesto proceso evolutivo, que se supone comenzó hace 4-5 millones de años, se afirma que han existido algunas “formas de transición” entre el hombre moderno y sus ancestros. Según este escenario completamente imaginario, existen cuatro “categorías” básicas:

  1. Australopithecus
  2. Homo habilis
  3. Homo erectus
  4. Homo sapiens

Los evolucionistas llaman “Australopithecus” al primero de estos ancestros similares a los simios, palabra que significa “simio sudafricano”. Esos seres no eran en realidad más que una antigua especie de simios que se ha extinguido. Profundos estudios realizados sobre varios especímenes del Australopithecus por dos anatomistas mundialmente famosos de Inglaterra y EE.UU., Lord Solly Zuckerman y el Prof. Charles Oxnard, han mostrado que esos fósiles pertenecen a una especie ordinaria de simio que se ha extinguido y que no presenta semejanzas con los seres humanos (Solly Zuckerman, Beyond The Ivory Tower (Más allá de la torre de marfil), New York: Toplinger Publications, 1970, p. 75-94; Charles E. Oxnard, “The Place of Australopithecines in Human Evolution: Grounds for Doubt” (El lugar del Australopithecus en la evolución humana: bases para dudar), Nature, Cilt 258, p. 389).

Los evolucionistas clasifican a la siguiente etapa de la evolución humana como “homo”, es decir “hombre”. Según sus afirmaciones las criaturas de la serie “homo” están más desarrolladas que el Australopithecus. Pero lo que hacen es inventar un esquema evolutivo imaginario ordenando diferentes fósiles de esas criaturas en un cierto orden. Este esquema es imaginario porque jamás se ha probado que exista una relación evolutiva entre estas diferentes clases. Ernst Mayr, uno de los principales defensores de la teoría de la evolución en el siglo XX, admite este hecho diciendo que “la cadena que llega hasta el homo sapiens está en realidad perdida” (J. Rennie, “Darwin’s Current Bulldog: Ernst Mayr” (Ernst Mayr: el bulldog actual de Darwin), Scientific American, December 1992).

Delineando la cadena de eslabones en la forma “Australopithecus > Homo habilis > Homo erectus > Homo sapiens” los evolucionistas dan a entender que cada una de estas especies es ancestro de la siguiente. Pero sin embargo, recientes descubrimientos de los paleoantropólogos han revelado que el Australopithecus, el Homo habilis y el Homo erectus han vivido en diferentes partes del mundo al mismo tiempo (Alan Walker, Science (Ciencia), vol. 207, 1980, p. 1103; A. J. Kelso, Physical Antropology (Antropología Física), 1ª ed., New York: J. B. Lipincott Co., 1970, p. 221; M. D. Leakey, Olduvai Gorge, vol. 3, Cambridge: Cambridge University Press, 1971, p. 272).

Más aún, ciertos segmentos de humanos clasificados como Homo erectus han vivido hasta épocas muy modernas. El Homo sapiens neanderthalensis y el Homo sapiens sapiens (el hombre moderno) coexistieron en la misma región (Time, Noviembre de 1996).

Esta situación claramente indica la invalidez de la hipótesis que sostiene que son ancestros unos de otros. Un paleontólogo de la Universidad de Harvard, Stephen Jay Gould, explica este punto muerto de la teoría de la evolución, aunque él mismo es un evolucionista, en estos términos:

“¿Qué ha pasado con nuestra escalera si existen tres linajes de homínidos coexistentes (australopithecus africanus, el robusto australopithecus, y el homo habilis), ninguno claramente derivado del otro? Más aún, ninguno de los tres muestra tendencias evolutivas durante su estancia en la tierra” (S. J. Gould, Natural History (Historia Natural), vol. 85, 1976, p. 30).

En resumen, el escenario de la evolución humana que se presenta en los medios de comunicación y en los textos escolares apoyado en varios dibujos de algunas criaturas “mitad simios, mitad humanos”, es, francamente hablando, simple propaganda, pues no es otra cosa que un cuento sin ningún fundamento científico.

Lord Solly Zuckerman, uno de los más famosos y respetados científicos del Reino Unido, que llevó a cabo investigaciones sobre este tema durante mucho tiempo, y que en particular estudió los fósiles del Australopithecus durante 15 años, llegó finalmente a la conclusión —pese a que él es un evolucionista— de que, en realidad, no existe ninguna ramificación evolutiva que, partiendo de esas criaturas parecidas a los simios, termine en el hombre.

Zuckerman es autor además de una interesante “clasificación de la ciencia”. Elaboró un cuadro jerárquico de las disciplinas científicas ordenándolas desde las que él considera científicas hasta las que considera a-científicas. Según la clasificación de Zuckerman, los campos de la ciencia más “científicos” —es decir, dependientes de datos concretos— son la química y la física. Después de ellos vienen las ciencias biológicas y luego las ciencias sociales. Al final de la tabla, que es la parte considerada más “a-científica”, están la “percepción extrasensorial” —temas tales como la telepatía y el sexto sentido— y finalmente la “evolución humana”. Zuckerman explica así su razonamiento:

“Nos desplazamos entonces fuera del registro de las verdades objetivas para entrar en el campo de la ciencia biológica presuntiva, como la percepción extrasensorial o la interpretación de la historia fósil del hombre, donde para el convencido (evolucionista) todo es posible, y donde el ardiente creyente (en la evolución) es algunas veces capaz de creer varias cosas contradictorias al mismo tiempo” ( Solly Zuckerman, Beyond The Ivory Tower (Más allá de la torre de marfil), New York: Toplinger Publications, 1970, p. 19).

 

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