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La verdadera esencia de la materia más allá de lo puramente físico

La verdadera esencia de la materia más allá de lo puramente físico

Las nubes, cuando volamos por encima de ellas nos parecen ser materia sólida, pero sabemos que no lo son

Las nubes, cuando volamos por encima de ellas nos parecen ser materia sólida, pero sabemos que no lo son

Por: Ismail Fahmi Perez

Para nosotros el mundo físico de la materia es una ilusión, todo lo que vemos ha sido creado, pero ninguna de esas cosas puede ser “creadora”. El Creador es diferente y superior a todo lo que vemos, un Poder Superior invisible a nuestros ojos pero cuya existencia y cualidades se revelan en todo lo que Él ha creado, todo lo que percibimos como externo es sólo una reacción que se forma a través de impulsos nerviosos que llegan a nuestro cerebro.

Mientras vivamos, sólo podemos tener una experiencia directa de las copias que se crean en nuestros cerebros. Cuando decimos “vemos”, en realidad estamos observando el conjunto de impulsos nerviosos que hay en nuestra mente. Nos resulta imposible alcanzar el original del mundo físico que se encuentra fuera de nuestro cerebro. Todos los objetos con los que estamos en contacto son en realidad conjuntos de percepciones tales como la vista, el oído y el tacto.

A lo largo de nuestra vida el cerebro, que procesa los datos de los centros sensoriales, no se enfrenta a los “originales” de la materia existente fuera de nosotros, sino a las copias que se forman dentro de él. Nunca podremos saber cómo es el original de estas copias. Nuestro cerebro interpreta y atribuye significados a los impulsos relacionados con el “mundo exterior”, del cual las personas imaginan que están en contacto con el original que existe en el exterior.

Un factor que revela que todo lo que vemos y experimentamos existe en nuestro cerebro y que no podemos conocer la materia original que existe en el exterior es el hecho de que no necesitamos un mundo exterior para que los sentidos surjan en nuestro cerebro. En conclusión, no necesitamos que los ojos vean. Es decir, los objetos que vemos en el mundo cuando estamos despiertos son similares a los que vemos cuando estamos dormidos. Este problema pone en un aprieto a los materialistas (que sostienen que sólo la materia es real).

Todas las imágenes que tienes ante ti se perciben dentro de tu cerebro. Para comprenderlo mejor, tengamos en cuenta nuestros sueños. Alguien puede soñar que le atropella un autobús, que luego abre los ojos y se encuentra en un hospital, que lo llevan a operar, que los médicos le hablan, que su familia llega al hospital, y que está mutilado o sufre terribles dolores. En su sueño, percibe todas las imágenes, sonidos, sentimientos de crudeza, dolor, luz, los colores del hospital, de hecho, todos los aspectos del incidente, clara e inconfundiblemente. Todo es tan natural y creíble como en la vida real. En ese momento, si le dijésemos a la persona que está soñando que sólo es un sueño, no nos creería.

Y sin embargo todo lo que ve es una ilusión y el autobús, el hospital e incluso el cuerpo que ve en su sueño no tienen un equivalente físico en el mundo real. Aunque no tienen equivalentes físicos, siente como si un “cuerpo real” hubiese sido atropellado por un “autobús real”. Otro ejemplo es, dando patada a una piedra, y que sus nervios estuviesen conectados a otro individuo, esa persona también sentiría que está golpeando la misma piedra y sufriría el mismo dolor, ¿qué piedra es real? La respuesta correcta y consistente es que tanto Johnson como el segundo individuo han experimentado en sus mentes, en su totalidad, la patada dada a la piedra.

Resulta evidente que, para el hombre, es imposible ir más allá de sus sentidos y liberarse de ellos. A este respecto, el alma de un hombre puede estar sujeta a todo tipo de representaciones, aunque no tenga un cuerpo físico ni existencia material y tampoco haya un entorno material.

Una persona no puede llegar a entender esto porque asume que estas perfectas imágenes tridimensionales son reales y tiene la absoluta certeza de que existen, porque todos dependemos de las percepciones que emanan de nuestros órganos sensoriales. La formación de las percepciones en el cerebro no es filosofía, sino ciencia.

Todas las escuelas de medicina enseñan en detalle cómo las imágenes y las emociones se forman en el cerebro. Este ser es el alma. ¿Son los ciegos, sordos e inconscientes átomos los que ven esas imágenes? ¿Por qué unos átomos adquieren esta cualidad y otros no? ¿El hecho de pensar, comprender, recordar, deleitarnos con algo, etc., son las reacciones electroquímicas que tienen lugar entre las moléculas de estos átomos?

No tiene sentido atribuir voluntad a los átomos. Obviamente, el ser que ve, oye, percibe y siente es un ser supramaterial, “vivo”, que no es ni materia ni una imagen. Este ser interactúa con las percepciones que tiene delante utilizando la imagen de nuestro cuerpo. Es el alma la que ve, oye, siente, percibe e interpreta las copias de la materia externa que se crean en el cerebro. Las afirmaciones de los materialistas se invalidan por completo cuando conocen la verdadera naturaleza de la materia.

Las personas contemplan la copia del mundo que se crea en sus cerebros, imaginando que están tratando con la materia original, el ser más real y más cercano a nosotros es claramente Dios. La materia no puede ser la esencia fundamental del universo si vamos a decir que somos entidades racionales. Una mente racional es la base para un mundo racional. ¿Por qué confiar en los pensamientos de una mente que fue un accidente de la naturaleza? ¿Qué validez tendría la verdad si se limita a una realidad limitada (como lo es el mundo físico)? El teísmo afirma que una mente racional (la de Dios) es el fundamento del mundo. Este postulado explica los aspectos inescapables de nuestra racionalidad que permea nuestra existencia.

El naturalismo – que es la filosofía que la ciencia actualmente acepta – sencillamente no puede explicar esta racionalidad. Declarar que no hay alma, sólo porque no podemos ver directamente con nuestros instrumentos actuales, equivale a decir que no hay quarks, porque no podemos detectar directamente en nuestros laboratorios. Tanto el alma y la existencia de los quarks se puede inferir indirectamente por sus efectos (síntomas de vida y la conciencia en el caso del alma, las interacciones de partículas en el caso de los quarks).

No es la realidad verdadera lo que percibimos, solo son percepcione que se experimentan en el cerebro. Por esta razón, el siglo XXI marcará un momento crucial en el que la mayoría de las personas entenderán las realidades divinas y serán conducidos en multitudes hacia Dios, la única existencia absoluta, incuestionable. En el siglo XXI, las retorcidas creencias materialistas del siglo XIX quedarán relegadas al gran basurero de la historia; se llegará a entender la existencia de Dios y la creación. La humanidad se liberará de siglos de vendas, engaños y supersticiones que la cegaban totalmente.


Fuete: Libro del autor ‘La ciencia, la lógica y dios

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