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La ‘Ibāda -adoración- proporciona el fundamento de la moralidad

La adoración proporciona el fundamento de la moralidad puesto que pone al ser humano en relación con su realidad propia y le de la creación.

La adoración proporciona el fundamento de la moralidad puesto que pone al ser humano en relación con su realidad propia y le de la creación.

Por: Redacción

Los humanos deben recordar que fueron creados para servir a un objetivo muy particular y que Dios los ha puesto en la tierra deliberadamente. Sin esta percepción correcta, los debates morales discurren sin ningún consenso sobre cuestiones clave. En términos de motivación moral, muchas personas se comportan moralmente para que los demás los vean con buenos ojos o por la respuesta de endorfina al sentirse bien, y pueden dejar de comportarse moralmente si estos motivadores no están presentes. Pero cuando uno se ve a sí mismo como un siervo (‘abd/siervo) de Dios y reconoce que las reglas morales provienen de Él y que la única percepción que importa es la Suya, entonces el comportamiento moral de uno estará basado en principios y será consistente. La falta de esta percepción puede conducir a sentimientos conflictivos que son en gran medida ajenos a los musulmanes practicantes, ya que su propia imagen como un ‘abd en el reino de Dios sigue siendo vívida en virtud de su ‘ibāda -adoración- regular.

En los diversos dominios de su vida, el Profeta Muhammad, que la paz sea con él, mostró una conciencia constante de su realidad como un abd (siervo) ante Dios. Por ejemplo, él Profeta, que la paz sea con él, decía cada mañana y cada tarde:

«Oh Allah, Tú eres mi Señor, nadie tiene derecho a ser adorado excepto Tú; Tú me creaste y yo soy tu sirviente, y acato tu pacto y promesa lo mejor que puedo; Me refugio en ti del mal que he cometido. Reconozco tu favor sobre mí y reconozco mis faltas, así que perdóname, porque ciertamente nadie puede perdonar las faltas excepto Tú”. (Ṣaḥīḥ al-Bukhārī, 6306)

La brújula moral de una persona dirige sus valores y responsabilidades, y la ‘ibāda, la adoración, representa la base ontológica de estos valores a través de una relación con lo Divino. Una persona atraviesa las luchas de la vida al acercarse a Dios mediante la incorporación de cualidades que reflejan Sus nombres y atributos, como la compasión, la bondad, el amor y la generosidad. Es por eso que cada vez que los individuos realizan un acto de virtud, como ayudar a los necesitados o defender a los vulnerables, sin pretender por este acto de cercanía al Creador, ignoran la base misma de estas virtudes. Además, hay una gran responsabilidad moral que se le debe a Aquel que otorgó la vida y colmó a la humanidad de bendiciones.

En lugar de reconocer este deber moral fundamental, tales individuos disfrutan los frutos de este mundo sin levantar las manos en agradecida súplica, intentando vivir virtuosamente mientras ignoran su responsabilidad moral hacia Dios. Esto es similar a pasear en una mansión que pertenece a una persona de gran riqueza y poder -aunque pertenecer solo a Allah es la descripción más elevada- descansando en sus sillones y durmiendo en sus habitaciones. Una vez que el dueño de la mansión vuelve y se horroriza por la intrusión de este hombre y su uso de estos lujos sin permiso, el intruso le dice: «No he estropeado nada. ¡Incluso lo mantuve limpio!». No reconoce la virtud del hombre rico ni su autoridad sobre su propiedad y por lo tanto no está agradecido por poder haber echo uso de ella. Esta es precisamente la actitud de quienes realizan actos de virtud en este mundo sin reconocer el fundamento de estas virtudes o la autoridad de su Dueño.

La adoración -‘Ibāda– también cualifica a los actores morales para la recompensa a los ojos de Dios. Las herramientas básicas necesarias para comportarse correctamente son el hecho de la misma existencia, la buena voluntad y las diversas facultades (extremidades, riqueza, etc.) necesarias para promulgar el bien. Dado que todo esto es dado por Dios, la negativa a reconocer a Dios y adorarlo es, en esencia, una bondad plagiada. Ni Dios ni las personas ven las obras plagiadas, por impresionantes que sean, como recompensables. Pero cuando existe la adoración, se puede solicitar recompensa por el pasado y los refuerzos para el futuro. El Profeta, que la paz sea con él, dijo:

Cuando más cerca de Dios está un siervo es cuando está postrado, así que hacer mucha suplica [en ese momento]. ( Ṣaḥīḥ Muslim, 482)

Poner el rostro en el suelo es un acto de ‘ibāda y una manifestación de la mayor humildad para con Dios, es por esto que es el mejor momento para pedir a Dios. Aquellos demasiado orgullosos para realizar adoración -‘ibāda– están esencialmente rechazando la invitación de Dios, y así Allah dice:

Y vuestro Señor ha dicho: Llamadme y os responderé.Pero es cierto que aquellos cuya soberbia les impida adorarme, entrarán en Yahannam humillados. (Corán, 40:60)


Fuente: Yaqeen Institute / Corán / Hadith

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