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El Corán y la ciencia moderna (parte 1)

El Corán y la ciencia moderna (parte 1)

El Corán y la ciencia (parte 1)

El Corán y la ciencia (parte 1)

Autor: Maurice Bucaille

La asociación entre el Corán y la ciencia es a priori una sorpresa, especialmente debido a que se trata de una armonía, no de una discordia. Una confrontación entre un libro religioso y las ideas seculares proclamadas por la ciencia es quizás, a los ojos de muchas gentes de hoy en día, algo paradójico. La mayoría de los científicos actuales, por supuesto con un pequeño número de excepciones, ciertamente están limitados a teorías materialistas, y tienen sólo indiferencia o desprecio por cuestiones religiosas, las cuales ellos consideran que están basadas en leyendas. En Occidente más aún, cuando se discute sobre ciencia y religión, las gentes están bastante dispuestas a mencionar al judaísmo y al cristianismo entre las religiones a las que se refieren, pero difícilmente piensan siquiera en el Islam. Tantos juicios falsos basados en ideas inexactas han sido hechos acerca de dicha religión, que hoy es muy difícil formar una noción exacta de la realidad del Islam.

Como un preludio a cualquier confrontación entre la Revelación Islámica y la ciencia, parecería esencial que se dé un bosquejo de una religión que es tan poco conocida en Occidente. Las afirmaciones completamente erróneas hechas acerca del Islam en Occidente son a veces el resultado de la ignorancia, y a veces de una denigración sistemática. La más seria de todas las falsedades dichas acerca del Islam es en lo que se refiere a hechos, ya que mientras que las opiniones equivocadas son excusables, la presentación de hechos que van en contra de la realidad no lo es. Es inquietante leer falsedades brutales en obras eminentemente respetables escritas por autores que a priori están altamente calificados. (…)

La relación entre las religiones y la ciencia no siempre ha sido la misma en cualquier lugar o época. Es un hecho que no hay ningún escrito perteneciente a una religión monoteísta que condene a la ciencia. En la práctica sin embargo, debe admitirse que los científicos han tenido graves dificultades con las autoridades religiosas de ciertos credos. Por muchos siglos, en el mundo cristiano, el desarrollo científico fue opuesto por las autoridades en cuestión, por su propia iniciativa y sin referencia a las Escrituras auténticas. Ya sabemos de las medidas tomadas contra quienes buscaban engrandecer la ciencia, medidas que frecuentemente hicieron que algunos científicos se fueran al exilio para evitar ser quemados, a menos que se retractasen, cambiasen su actitud y rogasen perdón. El caso de Galileo siempre se cita en este contexto: él fue juzgado por haber continuado los descubrimientos hechos por Copérnico acerca de la rotación de la Tierra. Galileo fue condenado como resultado de una interpretación errónea de la Biblia, ya que ni una sola cita de la Escritura pudo ser usada razonablemente contra él.

En el caso del Islam, la actitud hacia la ciencia fue, generalmente hablando, bastante diferente. Nada podía ser más claro que el famoso hadith N. del T.: hadith significa dicho, en árabe del Profeta: «Busca el conocimiento, aún en China», o el otro hadith que dice que la búsqueda del conocimiento es un deber para todo musulmán o musulmana. Como veremos más adelante en esta sección, otro hecho crucial es que el Corán, al invitamos a cultivar la ciencia, contiene muchas observaciones acerca de fenómenos naturales e incluye detalles explicativos que se ha visto que están en completa concordancia con los datos científicos modernos. No hay cosa igual a esto en la Revelación Judeo-cristiana.

No obstante sería erróneo imaginar que, en la historia del Islam ciertos creyentes nunca hayan tenido una actitud diferente hacia la ciencia. Es un hecho que, en ciertos períodos, la obligación de educarse y educar a los demás fue bastante descuidada. Es igualmente cierto que en el mundo musulmán, como en otras partes, a veces se llegó a tratar de detener el desarrollo científico. De todas maneras, se recordará que en la cumbre del Islam, entre los siglos VIII y XII después de Cristo, o sea en la época en que las restricciones al desarrollo científico estaban enforzadas en el mundo cristiano, un número muy grande de estudios y descubrimientos se hacían en las universidades Islámicas. Era allí donde se encontraban los admirables recursos culturales de la época. La biblioteca del Califa de Córdoba con-tenía 400,000 volúmenes. Averróes enseñaba allí, y las ciencias griegas, indias y persas eran impartidas. Esto es por lo que los sabios de toda Europa iban a estudiar a Córdoba, tal como hoy la gente va a los Estados Unidos a perfeccionar sus estudios. Un número muy grande de manuscritos antiguos han llegado a nosotros gracias a los árabes cultos que actuaron como vehículo para la cultura de los países conquistados. Estamos también en gran deuda con la cultura árabe por las matemáticas (el álgebra fue un invento árabe), astronomía, física (óptica), geología, botánica, medicina (Avicena), etc.

Por primera vez, la ciencia adquirió un carácter internacional en las universidades Islámicas de la Edad Media. En ese tiempo, los hombres eran más firmes en su espíritu religioso de lo que son hoy; pero en el mundo Islámico, esto no evitó que fueran ambas cosas: creyentes y científicos. La ciencia era la hermana gemela de la religión y nunca debería haber dejado de serlo. El período medieval fue, para el mundo cristiano, una época de estancamiento y absoluto conformismo. Debe enfatizarse que la investigación científica no fue retardada por la Revelación Judeo-cristiana misma, sino más bien por aquellas personas que afirmaban ser sus servidores. Enseguida del Renacimiento, la reacción natural de los científicos fue vengarse de sus anteriores enemigos; esta venganza aún continúa hoy, en tal magnitud ciertamente que en Occidente, cualquiera que hable de Dios en círculos científicos realmente queda apartado. Esta actitud afecta el pensamiento de todos los jóvenes que reciben una educación universitaria, incluyendo a los musulmanes.

Su pensamiento difícilmente podría ser distinto de lo que es considerando las posiciones extremas adoptadas por los más eminentes científicos. Un ganador del premio Nobel de Medicina ha tratado en los últimos años de persuadir a la gente por medio de un libro dedicado a publicación masiva, de que la materia viva pudo crearse a sí misma por azar a partir de varios componentes básicos. Empezando, él dice, con esta primitiva materia viviente, y bajo la influencia de varias circunstancias externas, los seres vivos organizados se formaron, resultando en el ser formidablemente complejoque constituye al hombre.

Seguramente estas maravillas de conocimiento científico contemporáneo en el campo de la vida deberían llevar a cualquier persona pensante a la conclusión opuesta. La organización que gobierna el nacimiento y el mantenimiento de la vida seguramente parece más y más complicada al estudiarla: entre más detalles uno conoce, obliga a mayor admiración. Un conocimiento mayor hace menos y menos probable el papel que el azar tiene que representar en el fenómeno de la vida. Entre más avanza uno por el camino del conocimiento, especialmente de lo infinitamente pequeño, son más elocuentes los argumentos en favor de la existencia de un Creador. En vez de llenarse de humildad a la vista de tales hechos, el hombre se llena de arrogancia. El se burla de cualquier noción de Dios, de la misma forma que él envilece todo lo que lo aparte de su placer y diversión. Ésa es la imagen de la sociedad materialista que se está expandiendo actualmente en el Occidente.

¿Qué fuerzas espirituales pueden ser usadas para oponerse a esta contaminación del pensamiento practicada por muchos científicos contemporáneos? El Judaismo y el Cristianismo no oculta su incapacidad para enfrentarse a la ola de materialismo y a la invasión del Occidente por el ateísmo. Pero ambos son tomados desprevenidos por completo, y de una década a la siguiente uno puede ver con seguridad lo seriamente que su resistencia disminuye contra esa ola que amenaza con barrer todo y arrasarlo. El ateo materialista no ve en el Cristianismo clásico más que un sistema construido por hombres durante los últimos 2,000 años y diseñado para asegurar la autoridad de una minoría sobre sus semejantes. Él es incapaz de encontrar en escritos judeo-cristianos un lenguaje que siquiera sea vagamente similar al suyo propio; ellos contienen tantas improbabilidades, contradicciones e incompatibilidades con datos científicos modernos, que él se niega a tomar en cuenta textos que la vasta mayoría de los teólogos quieren ver aceptados como un todo inseparable.

Cuando uno menciona el Islam al ateo materialista, él sonríe con una condescendencia que es sólo igual a su ignorancia acerca del tema. En común con la mayoría de los intelectuales occidentales, de cualquier presuasión religiosa, tiene una colección impresionante de nociones falsas acerca del Islam.

Uno debe, en este punto, concederle una o dos excusas: En primer lugar, aparte de las recién adoptada actitudes prevalentes entre las más altas autoridades católicas, el Islam siempre ha estado sometido en Occidente a una calumnia secular. Cualquier persona en Occidente que haya adquirido un conocimiento profundo del Islam sabe hasta qué punto su historia, dogma y objetivos han sido distorsionados. Uno también debe tomar en cuenta el hecho de que los documentos publicados en idiomas europeos sobre este tema (haciendo a un lado los estudios altamente especializados) no facilitan en absoluto la labor de la persona que desea aprender.

Un conocimiento de la Revelación Islámica es ciertamente fundamental desde este punto de vista. Desafortunadamente, los pasajes del Corán, especialmente los que se refieren a datos científicos, están mal traducidos e interpretados, así que el científico tiene todo el derecho a hacer críticas – con justificación aparente – que el Libro en realidad no merece. Este detalle es digno de mención de aquí en adelante: las inexactitudes en traducción o los comentarios erróneos (generalmente asociados entre sí), que no habrían sorprendido a nadie hace uno o dos siglos, ofenden a los científicos de hoy. Al enfrentarse con una frase mal traducida que contiene un postulado científicamente inaceptable, el científico deja de tomar en serio la frase en cuestión. En el capítulo sobre la reproducción humana, se dará un ejemplo típico de este tipo de error.

¿Por qué existen tales errores de traducción? Ellos pueden ser explicados por el hecho de que los traductores modernos frecuentemente reanudan, bastante indiscriminadamente, las interpretaciones dadas por comentaristas anteriores. En su tiempo, éstos últimos tenían una excusa para dar una definición inadecuada para una palabra árabe que tuviese varios significados posibles: ellos posiblemente no podrían haber entendido el verdadero sentido de la palabra o frase el cual se ha vuelto claro en la época actual gracias al conocimiento científico. En otras palabras, surge el problema de la necesidad de revisión de las traducciones y los comentarios. No era posible hacer esto en un cierto período del pasado, pero hoy en día tenemos conocimiento que nos permite traducir su verdadero sentido. Estos problemas de traducción no se presentan en los textos de la Revelación Judeo-cristiana: el caso descrito aquí es absolutamente único del Corán. (…)

Ya que ahora había visto el ancho espacio que separa la realidad del Islam de la imagen que tenemos de él en el Occidente, sentí una gran necesidad de aprender árabe (que yo no hablaba) para estar suficientemente bien equipado para progresar en el estudio de dicha religión malentendida. Mi primera meta fue leer el Corán y hacer un análisis frase por frase con la ayuda de varios comentarios esenciales para un estudio crítico. Mi método fue dar atención especial a la descripción de numerosos fenómenos naturales dada en el Corán; la naturaleza altamente exacta de ciertos detalles referentes a ellos en el Libro, que era aparente sólo en el original, me impactó por el hecho de que estaban de acuerdo con las ideas de hoy en día, aunque un hombres que hubiese vivido en la época de Muhammad no podría haber sospechado esto en lo absoluto. Subsecuentemente leí varias obras escritas por autores musulmanes sobre los aspectos científicos del texto Coránico: éstas fueron sumamente útiles en mi apreciación de él, pero hasta entonces no había descubierto ningún estudio general de este tema hecho en Occidente.

Lo que impacta inicialmente al lector confrontado por primera vez con un texto de este tipo es la gran abundancia de temas discutidos: la Creación, astronomía, la explicación de ciertos aspectos concernientes a la Tierra, los reinos animal y vegetal, y la reproducción humana. Mientras que en la Biblia se encuentran errores monumentales, yo no pude encontrar un solo error en el Corán. Tuve que detenerme y preguntarme: Si un hombre fue el autor del Corán, ¿cómo pudo haber escrito en el siglo VII hechos que hoy se ha mostrado que concuerdan con el conocimiento científico moderno? No había absolutamente ninguna duda acerca de ello: el texto del Corán que tenemos hoy es definitivamente un texto del período, si se me permite ponerlo en estos términos (en el siguiente capítulo de esta sección del libro trataré de este problema). ¿Qué explicación humana puede haber para esta observación? En mi opinión no hay explicación; no hay razón especial por la que un habitante de la Península Arábiga debiese, en el tiempo cuando el rey Dagoberto reinaba en Francia (629-639 después de Cristo), haber tenido conocimiento científico sobre ciertos temas que estaba diez siglos adelante del nuestro.

Es un hecho establecido que en la época de la Revelación Coránica, es decir dentro de un período de aproximadamente 10 años antes y 10 años después de la Égira (622 después de Cristo), el conocimiento científico no había progresado por siglos y el período de actividad en la civilización Islámica, acompañada de su surgimiento científico, vino después de la conclusión de la Revelación Coránica. Solamente la ignorancia de dichos datos religiosos y seculares puede conducir a la siguiente sugerencia bizarra que he escuchado varias veces: «sí hay afirmaciones sorprendentes de naturaleza científica existentes en el Corán, puede deberse al hecho de que los científicos árabes estaban muy adelantados para su época y Muhammad estuvo influenciado por su obra». Cualquiera que sepa algo de historia Islámica está consciente de que el período de la Edad Media que vio el surgimiento cultural y científico del mundo árabe vino después de Muhammad y por lo tanto no se entretendrá en tales fantasías. Las sugerencias de ese tipo quedan invalidadas por el hecho de que la mayoría de los hechos científicos que son sugeridos o muy claramente registrados en el Corán no habían sido confirmados sino hasta los tiempos modernos.

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