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El ser humano en el Corán: la luz (4/4)

El ser humano tiene una parte física, una espiritual, una que es fitrah y una que es Luz. La Luz puede iluminar a todas las demás

El ser humano tiene una parte física, una espiritual, una que es fitrah y una que es Luz. La Luz puede iluminar a todas las demás

Por: Zaid Shakir

Finalmente, el Corán nos informa que los creyentes poseen una “luz”. Leemos,

El día en que veas a los creyentes y a las creyentes, y su luz mostrándose por delante de ellos y a su derecha. Hoy vuestras buenas nuevas son jardines por cuyo suelo corren los ríos, en los que serán inmortales. Ese es el inmenso triunfo”. (El Hierro, 57:12)

De forma similar,

El día en que veas a los creyentes y a las creyentes, y su luz mostrándose por delante de ellos y a su derecha. Hoy vuestras buenas nuevas son jardines por cuyo suelo corren los ríos, en los que serán inmortales. Ese es el inmenso triunfo. (La Prohibición, 66:8)

Del mismo modo, “Uno para quien Dios no hace la luz, él no tiene luz” (La Luz, 24:40).

La luz referida en estos versículos ha sido descrita de diversas maneras como el “conocimiento realizada de Dios”, “la luz del conocimiento”, “una luz dada por Dios a los creyentes después de su resurrección”, “la luz de la Unidad Divina”, ” la luz de la obediencia”, y “la luz de la guía”. Sin embargo, la tradición profética introduce narraciones que nos permiten ver esta luz desde otra perspectiva y comprender su origen divino. Una de las oraciones que solía hacer el Profeta ﷺ es la siguiente:

“Oh Dios, pon luz en mi corazón, luz en mi visión, luz en mi oído, luz a mi derecha, luz a mi izquierda, luz delante de mí, luz detrás de mí, hazme una luz” (Bujari).

Otra versión agrega: “y luz en mi cabello, luz en mi piel, luz en mi carne, luz en mi sangre y luz en mis huesos” (Tirmidhi). Esta oración no era solo suya personal sino es que para todos nosotros.

El Profeta ﷺ pedía a Dios que le convirtiera en un ser de luz, y nos enseñó a hacer esta oración. Esto podría significar que estaba pidiendo que la luz de su espíritu se reflejara en su naturaleza física. Nuestra naturaleza física puede ser infundida, por la voluntad de Dios, con luz. Cuando eso ocurre, como los ángeles, que son creados a partir de la luz, reconocemos fácilmente el propósito de nuestra creación, reconocemos la unidad y somos siervos obedientes del Uno.

Por lo tanto, el Corán presenta una visión de lo humano como una criatura física, una criatura espiritual, una criatura naturalmente dispuesta a adorar y una criatura iluminada. Nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestra predisposición a adorar a Dios y nuestra luz son dones dados directamente por Dios para servir como medio de alcanzar la perfección humana. Esa perfección radica en cultivar aquellos aspectos del espíritu que trascienden sus cualidades animadoras, realizando nuestra disposición a la adoración y refinando nuestra luz. Cuando esto sucede, el ser humano se vuelve una criatura hermosa, y como tal, un objeto apropiado del amor divino, porque como mencionó nuestro Profeta: “Ciertamente, Dios es bello y ama la belleza” (Muslim).


Fuente: https://renovatio.zaytuna.edu/ Traducido y editado por TruthSeeker Es

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